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| De la democracia
a la tiranía
Por
Nicolás Zorrilla Pujana* La esencia de la tiranía es satisfacer los deseos más
desmesurados de una sociedad democrática. En esa etapa
está Colombia, que ha hecho de Álvaro Uribe Vélez
una especie de superhombre o dios que se dedica a hacer política,
con el único fin de agradar a una ¿Qué ideal es superior al Presidente? Ese ideal no existe. El presidente se ha vuelto la medida de todas las cosas. Él define el bien y el mal, él es el supremo juez de un país en conflicto, señala lo que existe y lo que no existe. ¡Acordémonos! Que en Colombia no hay conflicto armado y que el M–19 estuvo financiado por Pablo Escobar. Afirmaciones que se volvieron para la opinión pública –o al menos para los uribistas– como verdaderas sin ninguna razón de causa o sentido. Esta ausencia de ideas políticas se contrapone con la única empresa desarrollada por el presidente: derrotar a las Farc. Él ha hecho creer al país que derrotando a una guerrilla se solucionarán todos los problemas, cuando el verdadero karma de la sociedad es la ausencia de un proyecto nacional y de ideas sólidas que den las bases de una nación. El presidente es elegido con el único fin de derrotar el terrorismo, que en otras palabras es destruir y eliminar a las Farc; proyecto y deseo de toda una población sedienta de sangre y cansada de ver los abusos cometidos en el anterior proceso de paz. La única razón de ser de Úribe son las Farc. Así pues el gobierno, y el mismo presidente, es una especie de virus, que nace y necesita de su víctima, pero que en el momento de matarla, necesariamente muere con ella. ¿Hasta cuando el país podrá aguantar este virus llamado uribismo? Pues la tiranía es la peor enfermedad política de una sociedad. Manifestación del poder de este virus llamado uribismo es que es inmune a cualquier tipo de razón lógica o conveniente. El uribismo apartó la racionalidad característica de los seres humanos para convertirse en un fanatismo. Ni Álvaro Uribe ni sus grupos de seguidores son capaces de oír razones, sino que al contrario creen por fe. La construcción de esa fe es muy interesante, por un elemento importante: su vacuidad. En la fe uribista no se exponen razones ni ideas o proyectos de carácter nacional; sino que se erige a partir de una imagen. Para crear esa imagen se necesita de una campaña publicitaria de grandes proporciones, prueba de eso es que podemos encontrar al Presidente de la República figurando en todos los espacios de televisión y de prensa. La aparición constante del jefe de estado y gobierno es indispensable para su triunfo, porque sus cualidades son solamente de tipo audiovisual más no intelectual. Prueba de lo anterior son las calumnias hechas por el gobierno, dirigidas a diferentes hombres o instituciones con el fin de denigrarlas sin pruebas y sacar partido publicitario de ello. El presidente de la República de Colombia y lastimosamente candidato presidencial es como un capitán que dirige un barco, que maneja bien las tormentas políticas, pero que es completamente incapaz e inepto de leer una brújula o el cielo para llevar al barco a un puerto seguro. Álvaro Uribe Vélez puede destruir y derrotar a la guerrilla, su único proyecto, pero nunca podrá guiar de una manera correcta el rumbo del país. Así pues cabe la pregunta: ¿Y después de las Farc, qué? * Estudiante de filosofía de la Universidad Javeriana. |
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