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Abecediario

Por Vladdo
Director de UN PASQUÍN

A. Congreso de bolsillo. Tengo que admitir que las elecciones del 12 de marzo y el apabullante paso de la aplanadora uribista me dejaron un poco ‘cabizbundo y meditabajo’. Me preocupa que si el Mesías se creía intocable hasta ahora, en un eventual segundo mandato les de rienda suelta a sus veleidades autoritarias, con el apoyo irrestricto de su congreso de bolsillo. Lo bueno es que el Erario se va ahorrar la platica de los desayunos programáticos en los que tenía que incurrir Uribe para llamar al orden a ciertos parlamentarios indisciplinados.

B. Sudoku electoral. La nueva forma de votar parecía hecha casi exclusiva y perversamente para jugadores de sudoku. Así por lo menos me sentí yo con el dichoso tarjetón lleno de cuadritos y de números al mejor estilo del célebre juego. La escandalosa cifra de casi un millón y medio de votos nulos o sin marcar (más del 10 por ciento de la votación) hablan bien de lo mal que salió eso.

C. Ganar es perder un jurgo. El triunfo de Horacio Serpa en la Consulta Liberal no debería alegrarlo tanto, pues lo que se ganó fue un tiquete VIP para el paredón. No en vano los furibistas metieron mano a favor del ex embajador en la OEA para limpiarle el camino al ‘presidente-candigato’. Es indudable que la presencia de Pardo le hubiera dado un matiz refrescante a las elecciones presidenciales, cosa que no va a pasar con Serpa, a quien Uribe le va a ganar sin necesidad de la primera vuelta; con media vuelta nada más le basta y sobra.

D. Bien asados. A pesar de que alegrarse por el mal ajeno no es una actitud muy cristiana, debo admitir que me produjo cierto alivio la chamuscada que se pegaron el domingo ciertas figuras de la política. Y no me refiero exclusivamente a Eleonora Pineda o a Rocío Arias. Me gustó por ejemplo que se hubiera quedado a mitad de camino el senador Carlos Moreno Descaro, a quien de poco o nada le sirvió su servilismo con el Mesías ni con los senõres de Santa Fe de Ralito. Cosa similar le pasó a Jorge Visbal, de dudosas simpatías extremistas, y quien irresponsablemente dejó tirada la embajada en Canadá, tras unos cuantos meses de gestión. Me alegré también por el porrazo que recibieron el general Rito Alejo del Río y el coronel Alfonso Plazas Vega. Otros que afortunadamente recibieron su merecido fueron dos Enriques: el ex alcalde Peñalosa, a quien le cobraron su falta de coherencia, y el senador Gómez Hurtado, quien pagó caro su conservadurismo extremo. A Alfredo Rangel debió quedarle claro que no debió meterse en el embeleco electoral, y menos en una lista uribista; lo mismo que al pésimo actor Danilo Santos; qué dicha no tenerlo en el Congreso.

E. Más balances. Les hubiera deseado mejor suerte a candidatos como Iván Marulanda, hombre íntegro, y Juan Hurtado Cano, a pesar de lo uribista. También va a hacer falta en el Senado Bernardo Alejandro Guerra, quien promovió interesantísimos debates. Por su parte, Juan Manuel Santos no debería celebrar tanto, pues al fin y al cabo no fue sino un testaferro de Uribe. En su lugar, y con miras a 2010, yo estaría muy preocupado con los 230 mil votos de Germán Vargas Lleras.

 

 


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