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El absolutismo democrático

El ejemplo clásico de la magna sabiduría de nuestro soberano son los Consejos Comunales, donde asume las funciones de los concejales, los alcaldes y los gobernadores.

Por Carlos Villar Borda*,
Especial para UN PASQUÍN

La historia produce de cuando en vez algunos personajes que llegan a un estado de paranoia megalomaníaca que no necesariamente entra en una fase patológica, por lo cual, sin ser una enfermedad real, no tiene tratamiento ni medicinas que le curen. A la distancia, este comportamiento se puede ver como un rasgo de carácter varonil (los pantalones bien puestos) que en ocasiones atrae a las masas, pero en otra las repele. Es mera testarudez.

A mediados de febrero pasado, la revista Semana publicó un informe sobre los arrebatos de nuestro amado soberano, para concluir que “las reacciones impulsivas del presidente están teniendo consecuencias cada vez mas graves para el país”. Lo que no dijo el informe es que los gobernantes de este tipo no piensan en el país sino en sí mismos y tampoco analizó hasta qué punto los arranques e impulsos fueron lapsus no deliberados, porque los gobernantes de este talante se consideran con derecho innato para decir las cosas tal como las ven ellos porque así fijan su posición, aunque produzcan escozor a la contraparte, o precisamente porque lo producen. Y aun en el caso de que fueran picardías del subconsciente la explicación seria la misma y el tono firme y arrebatado con que se pronuncian subraya el interés de que el mensaje llegue a su meta. Y lo que la revista llama perdones no arreglan nada porque las frases están muy medidas a fin de que no sean realmente disculpas. Esto se evidenció con toda claridad en el último incidente con el Ecuador, en que el mandatario se vio obligado a pronunciar la misma frase media docena de veces con muy ligeros cambios semánticos, pues el presidente Alfredo Palacios estalló en la misma ira y con los mismos gritos que habían originado el episodio.

El paso de comedia que se ha venido dando con los paramilitares es realmente vergonzoso. Cuando el amo del norte llama la atención sobre el caso de Don Berna, pedido en extradición, lo trasladan de la finca de recreo que le habían dado en la costa a una cárcel de máxima seguridad, pero cuando los paras montan en ira santa pues tenían la convicción de que una de las promesas del Comisionado de la Ternura había sido justamente la de no extraditarlos, lo regresan a otra cárcel menos rigurosa para que puedan continuar sus negociaciones con el gobierno. La mesa de conversaciones de Ralito no tiene ni la mas mínima semejanza con la del Caguán, porque a los paras el Comisionado les habla y los trata con dulzura y de allí entran y salen las personas cuando les conviene. Por su parte, la llamada Ley de Justicia y Paz es un deliberado galimatías en donde no hay justicia, ni paz y muchísimo menos reparación a las víctimas de los genocidios perpetrados por estos grupos. Tanto se ha escrito sobre esto que no vale la pena insistir.

A estas alturas de la historia universal resulta imposible reinstaurar la Inquisición, pero el DAS, por ejemplo, se ha resquebrajado y corrompido de tal manera que más de un año después de las revelaciones no se han podido subsanar los errores. De aquí han venido muchos informantes, pero también de la gente común porque los premios son abundantes y se entregan con la cara tapada a través de una ventanilla siniestra. Este es un acto inmoral (el que peca por la paga…) que ha contribuido a la desvalorización de la ética y de la verdadera política democrática.

El mandatario no tiene un gabinete real porque todos son viceministros (él sabe más que todos) y quien trate de sobresalir y arroje una sombra que opaque al príncipe (Fernando Londoño) tiene que ser sacrificado. Su reemplazo no estaba acostumbrado a que la metieran micrófonos por la boca, de manera que comenzó a lanzar chorros de babas, por lo cual le tuvieron que llamar la atención y desde entonces ha sido menos visible. Obviamente, por encima del gabinete está la camarilla, que trabaja a la sombra y que ahora no se sabe si tiene el escritorio en Palacio o en la sede de la campaña, o tiene los dos.

El Congreso ha sido tolerado porque tiene 35% de representación paramilitar y el resto ha sido fácil de manejar para obtener mayorías. Quien sabe que ocurriría en caso contrario. De cualquier manera, el Fondo que maneja Juan Manuel Santos ya hizo una encuesta nacional, de acuerdo con la cual el 70% de los ciudadanos aplaudiría el cierre del parlamento.

El viaje del presidente-candidato a Washington no se hizo tanto por publicidad como han dicho algunos, sino porque el Príncipe es amo absoluto en todos los campos y de paso sirvió para que el Amo del norte le presentara su perrito y doña Condoleezza lo encerrara un par de horas en su oficina para darle cartilla sobre el gran peligro que representa Hugo Chávez para el área Andina, el Hemisferio Occidental y todo el mundo en general.

El tema militar y de los Derechos Humanos ha sido silenciado por unos medios de comunicación serviles, no tanto por la censura indirecta que existe, como por miedo. No me explayo sobre los secuestros, desapariciones forzadas, arrestos masivos y ejecuciones extrajudiciales porque fueron tratados exhaustivamente en la edición anterior de Un Pasquín.

El ejemplo clásico de la magna sabiduría de nuestro soberano en todos los ramos del saber humano (Dios sea loado) son los Consejos Comunales, en donde asume las funciones de los Concejos Municipales, los alcaldes, los gobernadores y los institutos descentralizados. Lo folklórico está en el atuendo de arriero antioqueño, pero nadie se ha tomado el trabajo de analizar todas las promesas que se han hecho y que no se han cumplido. Si en este país todavía tuviéramos capacidad de asombro todos tendríamos grabado en la retina el gesto del político que se lanzó sobre la mesa donde estaba el Presidente para implorar protección para su vida. Este pobre hombre murió asesinado dos semanas después.

Estas son apenas unas breves anotaciones sobre el absolutismo democrático que se nos vino encima, aunque esas dos palabras tengan la misma paradójica contradicción de eso que llama inteligencia militar.



*Periodista.

 

 


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