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¡Ay, Colombita!

Por Carlos Villar Borda*,
Especial para UN PASQUÍN

Nuestra historia enseña que la reelección inmediata ha sido fatal para el país. Solamente cinco mandatarios se han beneficiado de ella, per0 sus gobiernos tuvieron consecuencias desgraciadas para la Nación: Bolívar, Mosquera, Núñez, Reyes y Rojas Pinilla.

Las reelecciones sucesivas de don Simón Bolívar (cuatro, seis o veinte, según se consideren serias y valederas las renuncias que repetía siempre después del desayuno), se justificaban en la medida en que el país estaba en guerra y el mando civil era ejercido por Francisco de Paula Santander. Pero la última de ellas, una vez concluído el conflicto (Bolívar sí aceptaba la existencia de un conflicto), culminó en la ominosa dictadura de los últimos tres años, cuyas terribles consecuencias incluyeron el vil asesinato de José María Córdova a manos del mercenario Rupert Hand, actuando bajo las órdenes de otro mercenario, Daniel F. O’Leary, y la infame ejecución del Almirante Padilla, ordenada personalmente por e l propio Bolívar.

El caso de Mosquera, para quien la guerra a muerte duró toda la vida (iba ordenando fusilamientos por cada villorrio o ciudad que se atravesaba a su paso), es algo sui generis. Alcanzó el solio en tres ocasiones con intermitencias de otros mandatarios, per0 a raíz de Rionegro convirtió e l mando de factc que ejercía en título constitutional, por l o cual aseguraba que había sido presidente de la República cuatro veces. El último período no l o pudo terminar porque lo amarraron y expulsaron del país antes de que se cumpliera su período.

Don Rafael Núñez, presidente de 1880 a 1882, llegó otra vez al mando en 1884 y de allí a su muerte en 1894 se hizo reelegir mediante cambio de la constitución en su beneficio y en el del señor Caro. De aquí nació la hegemonía conservadora de medio siglo, durante la cual e l arzobispo era quien designaba al próximo presidente. Núñez gobernó a trasmano desde El Cabrero y murió oreado por las brisas del Caribe.

Lo de Rafael Reyes casi no debería contarse, porque a pesar de que hizo reformar la constitución y extender su período hasta diez años, e l 13 de marzo, sin ceremonia alguna, lo ataron y fletaron para Europa, apenas cumplido un quinquenio de gobierno.

“Los dos principales aportes del señor MicroBush en su primer mandato han sido el regreso a la época bárbara de la guerra a muerte y el uso de los diminutivos”.

 

Finalmente, Rojas Pinilla reformó la ANAC –Asamblea Nacional Constituyente–, convocada par Laureano Gómez, para introducir en el país una constituci6n de tipo falangista y confesional, ampliándola con liberales ‘lentejos’ que aceptaron la reelección del General Jefe Supremo a cambio de un sueldo relativamente modesto. Sólo que los colombianos pensaron de otra manera y lo enviaron al exilio antes de que se iniciara el nuevo período para el cual había sido reelegido.

Con estos precedentes, un congreso que tenía 35% de influencia paramilitar y una derecha extremista modifica en 2005 la Carta en beneficio exclusivo de don MicroBush –por inspiración del Arcángel San Gabriel y de la repartición de la fronda burocrática, especialmente la diplomática– para que lo podamos padecer cuatro años más, si es que los antecedentes históricos no se repiten.

Los dos principales aportes del señor MicroBush en su primer mandato han sido el regreso a la época bárbara de la guerra a muerte y el uso de los diminutivos. La guerra a muerte se ve diariamente en las pantallas de televisión, cuando se escuchan los regaños presidenciales para todo militar que “no demuestre resultados” y la inmisericorde renuencia a hacer algo positivo para lograr la liberación de los secuestrados en poder de la guerrilla, porque a cada propuesta factible, el comisionado de la Ternura (por órdenes de su jefe, claro está) impone una o dos condiciones que sabe de antemano que la guerrilla no va a aceptar. Y como según las órdenes de Mr. W, como lo llama Fidel, todo lo que ocurre en el país es obra del terrorismo, no hay manera de salir del hoyo en que estamos metidos.

Los regaños a los militares se han convertido en la destitución fulminante de generales que no se dejan llamar ‘generalitos’ y que son reemplazados por otros que sí doblan la cerviz. Una de las principales faltas que puede cometer hoy un militar es pronunciar la palabra ‘guerrillero’, en vez de asesino, bandolero, forajido o cualquier apelativo denigrante que venga a la lengua.

A propósito de Mr. W, también tenemos que agradecerle a la presente administración la entrega total al amo del Norte. Ya no se trata simplemente del respice polum de don Marco Fidel, que era tan solo una miradita al Norte. Con el avance de las comunicaciones, ahora resulta fácil llamar todos los días a Washington para consultar cualquier decisión; hasta lo que se refiera a las elecciones para Congreso. Los del Norte nos dirán cómo debe ser integrado nuestro parlamento y cuáles medidas debemos tomar a fin de que nuestra cacareada democracia formal sea más perfectica. Y nos siguen enviando sus soldaditos (¿cuántos habrá en la actualidad pisando nuestra tierrita?), que no solamente nos ayudan a matar terroristas, sino que también se encargan de llevar droguita y así nos facilitan la etapa más difícil del negocio, que es precisamente la de su transporte y su ingreso a los Estados Unidos.

Lo de los diminutivos no se ha cumplido en su totalidad, pero vamos progresando. “Deme el marranito y tome la platica” es la manera más elegante para expresar que si nos dan al asesino les entregaremos parte de los fondos engrosados con los impuestos que pagamos y que cada día van aumentando a través de cada reforma tributaria, que ahora es un ejercicio anual de nuestro Congreso. Sartorialmente hablando, hemos escalado e l Everest de la elegancia al aplicar, por ejemplo, el diminutivo al frac –que hoy es el fracsito o fraquesito– para lucir con esplendor y sin rubor alguno cuando visitamos al rey de España. Desde luego que eso está mejor que el traje de Evo Morales, porque en nuestro caso habría de ser el de capataz de finca de tierra caliente, apenas bien visto para los consejos comunales. Ahora será necesario cambiar también la horrenda letra del himno nacional para que diga “la virgencita sus cabellitos arranca en agonía y de su amorcito viudita los cuelga del cipresito”.

Este país ha sido Nueva Granada, Colombia (cuando se suponía que era grande), Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y sencillamente Colombia, pero ahora tenemos que nombrarlo en diminutivo.
iAy, Colombita, cómo me duele el corazón por ti!



*Periodista.

 

 


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