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EL

En este debate electoral, carente de entusiasmo y cundido de miedo a disentir de Uribe (han llegado amenazas terroristas a librerías que aceptaron distribuir ejemplares de un pasquín), solamente se oye eso de que los narco-paramilitares, tan consentidos por este Gobierno, son el mal menor de Colombia porque, dicen, complementan aquello de la miedosa y misteriosa “seguridad democrática”.

MAL

Uribe va a ganar las alecciones sin la menor duda, con el respaldo armado y el terror que por todo el país inspiran los fusiles y los matones de su mal menor. ¿Mal menor? Los paramilitares se robaron a sangre y fuego las mejores tierras de Colombia y las están escriturando a nombre de sus testaferros mientras avanza en Santa Fe de Ralito el proceso de santificación del narcotráfico y del paramilitarismo. También desde el Gobierno se promueve la ‘traquetización’ de Colombia como consecuencia del perdón y el olvido a los narco-genocidas y sus secuaces. A nadie le extraña ya que Rocío Arias pregone que Uribe siempre ha sido como su papá. El ex ministro de Justicia Enrique Parejo González no se cansa de manifestar su espanto la ver que José Obdulio Gaviria, primo hermano de quien intentó asesinarlo (Pablo Escobar Gaviria) con un sicario que mandó a Europa, sea hoy el hombre más importante de la Casa de Nariño, el genio. El hermano de Uribe creó y dirigió, en una de las fincas que comparte con el Presidente, la tenebrosa banda paramilitar ‘Los Doce Apóstoles’, cuyos horrores son investigados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Otros primos del Presidente hicieron lo propio con la banda ‘Los Erre’, cuyas tropelías homicidas están bajo la lupa del mismo tribunal. Hermano y primos también son el mal menor.

MENOR

El mal menor está arruinando a los exportadores al revaluar el peso con toneladas de dólares de la cocaína que introducen al país, a vista y paciencia del Gobierno. Alguna vez un empresario denunció el ingreso por el puerto de Santa Marta de once contenedores marítimos llenos de dólares de la mafia. El Gobierno del mal menor ya es una devastadora catástrofe nacional. Nuestro pobre país cada vez será más paria, con mayor cantidad de narcotraficantes y genocidas libres de ser extraditados y dedicados a disfrutar de los millones de hectáreas que les han robado a campesinos asesinados y desterrados por ellos. Durante los próximos cuatro años toda esa gente (con una bancada descomunal en el Congreso) va a poder seguir yendo feliz a sus fincas estrafalarias, en sus ominosas camionetas de 300 millones de pesos, escoltadas por tanques de guerra. Sin embargo, cuando el país comience a despertar de la ‘traba’ uribista en la que permanece tirado en el piso se va a encontrar en un verdadero infierno.

 

 


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