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SERPA

La gran esperanza nacional de zafarse de una vez por todas, en las elecciones de mayo próximo, el cabezal cicatero y asfixiante que significaría un indeseable segundo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, no podrá ser posible si las directivas del Partido Liberal no se dan cuenta de que la permanencia de la precandidatura de Horacio Serpa Uribe es la mejor estrategia (y la peor torpeza) imaginable para conseguir que el actual Presidente se nos acomode, en desmedro del país, por lo menos cuatro años más, por física falta de contrincante. Por eso, los uribistas se están organizando para votar por Serpa en la consulta liberal de marzo. Saben que derrotarlo será cosa de soplar y hacer botellas.

ES

Serpa prometió hace cuatro años que no volvería a aspirar a la Presidencia de la República. Pero mintió y ahí está de nuevo. Lo mismo que Uribe buscando la reelección contra la que, con las mejores razones posibles, se había declarado en contra de semejante perjuicio político y social. Pero no: Serpa y Uribe son un par de mentirosos. No solamente traicionaron a los colombianos sino que depravaron el valor de su propia palabra empeñada.

URIBE

Si Uribe quisiera a Colombia, no se empeñaría en gobernar cuatro años más y se retiraría decentemente. No se empeñaría en mantenerse para defender en últimas un aberrante proyecto narco-paramilitar contra el que el mundo, con Estados Unidos a la cabeza, está abierta y decisivamente en contra. Uribe está haciendo de Colombia un país paria y rufianesco en el que tendrán refugio eterno, patente de corso y póliza de seguro contra la extradición, narcotraficantes y genocidas, reclamados formalmente por las justicias de Colombia y Estados Unidos (por lo menos), como Salvatore Mancuso, Don Berna, Jorge 40, Hernán Giraldo, Vicente Castaño o los hermanos Mejía Múnera. La consolidación de esa temible y angustiosa narcocracia uribista, que ahora quiere establecerse en la Presidencia y superar el 30% que ya tiene del Congreso, será un hecho cumplido si Serpa no se retira ya y deja, en bien del país que tanto dice querer, que alguno de los demás precandidatos pueda convertirse en prestigioso y auténtico antagonista de Uribe Vélez, sin tener que llevar a cuestas el peso opresor del Proceso Ocho Mil. El máximo líder liberal, César Gaviria, no solamente debería insistirle a Uribe que diga públicamente que no quiere a los paramilitares y a los narcotraficantes en su campaña. También debería exigirle a Serpa que cumpla su palabra y se vaya ya. De lo contrario, con su pasado sombrío, su desdichada mala imagen y su discurso deshilachado, para efectos electorales Serpa es Uribe.
Qué oprobio, doctor Serpa Uribe.

 

 


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