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SALIENDO DEL CLÓSET La indignación y el remilgo con el que reaccionan el Alto Comisionado y el Presidente de la Comisión de Reconciliación ante los preocupantes resultados de sus no gestiones recuerdan esa preciosa ópera de Mozart. Por
Natalia Springer* Con una virginal indignación han sido recibidos los resultados del informe de la Misión de Verificación de la OEA en el que se descubre la rápida y peligrosa descomposición que sufre el movimiento paramilitar por cuenta de un desarme en el que no hay desarme, una desmovilización que es puro teatro y una reinserción que es apenas un trasteo. Para nuestros lectores de un pasquín, sin embargo, esta información no ofrece nada nuevo, pues ya nos adelantábamos a esta evaluación en el artículo La Farsa publicado en la Edición 1 de enero pasado, así que no vale la pena repasarla. Pero tal vez ustedes se preguntarán suspicaces: ¿Acaso
un pasquín cuenta con satélites espías o información
privilegiada de acceso restringido?¿Acaso esta publicación
ha conseguido infiltrar la entraña misma del proceso de ‘negociación’? No lo hacen. Siguen repitiendo los mismos errores, las mismas respuestas; las mismas tragedias vuelven a sucederse. Para no ir más lejos, recordemos que en octubre del año pasado, el Presidente Uribe se las ingeniaba para proponer la creación de cuerpos de seguridad con los desmovilizados, de emplearlos como porteros, ignorando los descomunales riesgos de rearmar a estos individuos, olvidando además que aquello significaría regresarlos al conflicto pero también obviando la experiencia de un grupo piloto de Medellín en los años 90: el 70% de los reinsertados vinculados a grupos de seguridad terminó asesinado durante los años siguientes, el 30% restante desapareció, se vinculó a grupos armados ilegales o huyó. Los costos de estos descalabros los seguimos sufriendo en carne propia. La semana antepasada una oficial del gobierno confirmaba que más de 144 desmovilizados han muerto. La cifra es de por sí escandalosa. Pero lo que más me abrumó fue observar la actitud, casi de alivio, de quien nos hablaba, como quien anuncia buenas nuevas. Aquella mujer revelaba una actitud oficial, una de las pocas actitudes consecuentes del Comisionado de Paz: ese cinismo con el que espera que el problema se autoelimine, esa ignorancia calculada en la que mantiene el proceso. Claro, no ha exigido a su contraparte en la ‘negociación’ unas estrictas medidas para su desmovilización, pero tampoco se les ha ofrecido medidas de protección reales, al fin y al cabo su vida no vale nada. Esos muchachos desmovilizados son carne de fusil, el blanco perfecto.
Y su muerte violenta como resultado de un “proceso de paz”
es el cierre de un ciclo predecible. No asombra que se estén
organizando clandestinamente. Pero aquí, amigos míos,
no pasa nada. Nadie se hace responsable ni por los muertos, ni por
las mentiras, ni por los resultados desastrosos de este proceso
fallido. Y seguramente reaccionarán con igual sorpresa cuando
los desmovilizados del ELN empiecen a ser asesinados o captados
a la fuerza, uno a uno, por las FARC. Sorprendidos haciendo aquello que juraron que nunca harían, lo niegan todo apretando los dientes y, cuando se ven sin salida, lloran y se lamentan, como si la responsabilidad fuera del diablo y no tuviera su propia firma. Juran que no volverá a suceder, que ha sido todo un malentendido, que no volverá a pasar… se han redimido. Son convertidos. ¿Quién no ama la historia preciosa de aquel que vuelve al redil?. Si no fuera porque esto es una tragedia humana, causaría risa. * Autora de “Desactivar la Guerra. Alternativas Audaces para Consolidar la Paz”. Ed. Aguilar. La autora desea agradecer a A. von Schwarzenberg por sus valiosos comentarios. |
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