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El plebiscito de la reelección

El plebiscito para reelección era el as bajo de la manga para darle continuidad al presidencialismo mediático, instalado en el bonapartismo.

Por Ricardo Sánchez*
Especial para UN PASQUÍN

Ha terminado la movida de la reelección presidencial inmediata con un plebiscito a su favor. Se le torció el cuello a la supérstite separación de poderes, la cual se mantiene sólo como apariencia. El Congreso y la Corte Constitucional se sometieron a la disciplina bonapartista de reelección o catástrofe, en que la democracia quedaba señalada como subversiva. El señor presidente puso a circular contra Carlos Gaviria, la invectiva de comunista disfrazado que entregaría el país a las Farc. La ley de garantías fue bendecida por la Corte Constitucional, en una sentencia que extendió las garantías de manera amplia pero imposible de cumplir. Un acto de demagogia jurídica para ocultar el vergonzoso fallo a favor de la reelección presidencial.

El señor presidente encontró en las mayorías de la Corte y del Congreso el traje jurídico, a su medida, sin importar que fuese obsceno, para sus propósitos. Era el apoyo que necesitaba finalmente, al lado del de las fuerzas armadas y la jerarquía de la iglesia católica.

Los medios de comunicación encabezados por El Tiempo y RCN radio y televisión, hicieron la propaganda y saturaron a la opinión pública del mensaje tramposo de reelección o catástrofe. En este escenario las encuestas se presentaron no para informar sino para presionar la votación. La incorporación masiva a la legalidad espúrea de las capas de nuevos ricos provenientes del narcotráfico y de la violencia, le dieron a la reelección un apoyo decisivo. Se concluía el sometimiento del Estado de Derecho al paramilitarismo.

En las elecciones parlamentarias se había avanzado en este proceso y las mayorías a favor del proyecto reeleccionista, dimensionaron un reacomodo de las derechas, como un partido del orden, de los de arriba, en el que tantas caras como caudillos reclamarán su primacía. El plebiscito reeleccionista consagró el presidencialismo, ungiéndolo con un respaldo de 7,363,421 de votos, con una reglas de juego electorales a su favor, pero aceptadas como las reglas de juego.

El plebiscito para reelección era el as bajo de la manga para darle continuidad al presidencialismo mediático, instalado en el bonapartismo. Es consustancial a este régimen acudir a los plebiscitos diseñados a su medida. Al igual que al contacto permanente con el pueblo, a través de los consejos comunitarios como escenificación de un diálogo vertical y paternalista que encuentra su ampliación en lo mediático.

Se ha dado un proceso simultáneo durante el gobierno del señor presidente, crecimiento económico por la vía de reducir los salarios reales y demás ingresos conculcados a los trabajadores, por la especulación financiera, la circulación ampliada de los capitales ilegales, la monopolización a sangre y fuego de más de un millón de hectáreas de primera calidad.

Se acentúa la subordinación a los intereses geopolíticos y económicos de los Estados Unidos, por medio del Plan Patriota y el Tratado de Libre Comercio. El conjunto de la militarización de las relaciones internacionales hacen de Colombia un país satélite, neocolonial y constituyen un complemento de la mayor importancia para la continuidad del bonapartismo criollo. Se ha dado un fortalecimiento material y político durante estos años en curso. El plebiscito expresa igualmente esta realidad que tienen innegables connotaciones en la región andina y el Caribe.

Un punto sobre el partido liberal. Colapsó en la alternativa presidencial aunque eligió una buena representación parlamentaria. Quedó como la tercera fuerza con 1,401,173 de votos, a distancia significativa del Polo y con heridas y contradicciones internas del mayor alcance. No era previsible tal disminución en el liberalismo, lo cual benefició, con el trasteo de apoyos, al señor presidente, aunque desde la izquierda deseamos y luchamos por ganar la segunda posición en las elecciones.

Esto incidió en que el plebiscito se consolidara como realidad, clausurando la buscada segunda vuelta. ¿Qué se hicieron los votos de la consulta a favor de los otros precandidatos, Rivera y Pardo? Debe ser el interrogante que desvela al candidato Horacio Serpa. La verdad es que el liberalismo carece de credibilidad y lo sustancial de su programa de apoyo a los de arriba con un rostro amable para los de abajo se encuentra en otro lugar. El partido bonapartista absorbió al liberalismo y lo que de él queda, gravitará en torno a sus designios.

El director de este partido, César Gaviria, ya manifestó el carácter de la oposición que adelantarán, y que traducido a nuestro franco lenguaje será: más colaboración, menos confrontación.

Las realidades sociales no se esfuman en las confrontaciones partidarias, en las justas electorales, en los discursos político culturales, aunque si se dinamizan, porque expresan el campo de lucha de los intereses contrapuestos.

El plebiscito de la reelección del señor presidente expresa una correlación de fuerzas favorable a las derechas del partido bonapartista, que confirmará con sus propósitos el programa de guerra, libre comercio, privatizaciones, traslado de la crisis a los trabajadores y recorte de las libertades con el alineamiento a los dictados del gobierno de Estados Unidos.

Pero hay una audiencia y movilización popular creciente, una política de democracia e internacionalismo cada vez mejor comprendida y unas oscilaciones económicas desfavorables al crecimiento que presentan unos espacios de luchas intensas entre los de arriba y los abajo.

De nuevo, esa constante histórica del apartidismo y la no participación electoral se hizo presente con una abstención del orden del 56%. El abstencionismo sigue expresando una marginalidad, social, cultural y política.


*Profesor de la Universidad Nacional y de la Universidad Externado.

 

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