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| Un personaje enigmático Por
Enrique Parejo González,
Especial para UN PASQUÍN ¿Quién es Álvaro Uribe Vélez? Es pertinente formularse esta pregunta cuando están por cumplirse cuatro años de su acceso al poder y están próximas las elecciones en las cuales se va a presentar como presidente candidato, para hacerse reelegir por cuatro años más. A pesar de las dos circunstancias mencionadas, creemos que la mayoría de los colombianos no sabe en verdad a quién eligieron presidente de Colombia en el año 2002, ni a quién, probablemente, vayan a reelegir para otro período constitucional. No han hecho un análisis serio sobre sus antecedentes personales
ni sobre sus ejecutorias como gobernante. Quienes apoyan su reelección
obran más por emoción o por imitación, que
por convencimiento. Es imposible que esas personas puedan responder la pregunta con la cual se inicia este artículo. ¿Quién es Álvaro Uribe? ¿Es acaso quien, una vez elegido como presidente, al responder la pregunta de un periodista, dijo que era enemigo de la reelección inmediata, porque se prestaba a que un gobernante se pusiera a trabajar para conseguirla, descuidando sus deberes fundamentales; o quien, meses más tarde, comprando el voto de unos congresistas, hizo aprobar el acto legislativo que la permitía en su favor? ¿Es el aspirante a la Presidencia que se comprometió a derrotar la politiquería y la corrupción o el mandatario que no dudó en designar a parientes cercanos de senadores en cargos diplomáticos, para que éstos apoyaran su reelección inmediata?
¿Es el presidente que ha gastado billones de pesos en la lucha contra la guerrilla, para derrotarla, mostrando, así, su mano dura contra el crimen, o el que está sellando generosos acuerdos de paz con los paramilitares, sobre la base de la impunidad casi total de sus delitos atroces, mostrando ante ellos su mano blanda?
¿O quien, frente a las cámaras de televisión,
ante millones de colombianos, dio ejemplo de connivencia con el
crimen, al ordenarle al ministro del Interior que reservara, por
cuenta del erario, una suite de lujo en el Hotel Tequendama, para
que un guerrillero, sindicado de homicidio, secuestro y extorsión,
se alojara en ella, con sus familiares, dos o tres noches? Es quien autorizó, de manera expedita, la extradición a los Estados Unidos, de dos cabecillas de las Farc, pero negó, simultáneamente, la de varios cabecillas paramilitares, acusados de los mismos delitos, haciéndole creer al país que también había autorizado la de estos últimos, pero que sólo la haría efectiva si ellos incumplían unas condiciones, que, dicho sea de paso, son totalmente extrañas a la naturaleza misma de la extradición? ¿O el que prometió darles garantías a los otros candidatos presidenciales, e hizo aprobar la Ley que las consagró, pero violó esa Ley, con la tinterillada de que la prohibición de transmitir los Consejos Comunitarios no se refería a la televisión privada, desconociendo el sentido obvio y natural de la norma, que él más que nadie conoce? Muchas preguntas más se podrían hacer para tratar de desentrañar la condición moral del presidente. Sin embargo, las que hemos formulado nos permiten ver a un personaje inescrutable, cuyo comportamiento es imposible prever. * Ex ministro de Justicia y ex embajador de Colombia en Hungría.
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