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La teoría del empate

Por Rafael Pardo*,
Especial para UN PASQUÍN

Esta sociedad ha sido severamente golpeada por el narcotráfico desde hace un par de décadas al menos. Desde los tiempos en los cuales el dinero fácil no era mal sino bien visto. Recordemos los dineros malditos que se volvían limosnas benditas para un obispo. Los ‘mágicos’ les decían.

Cuando se vio que no era solo el dinero fácil sino que la violencia era inherente a la actividad de la droga empezó tímida y selectivamente a descalificarse la relación con mafiosos. En especial los contactos de políticos o peor aun las donaciones a campañas electorales. “Conocí al Gilberto modelo 78 y no me pueden juzgar como si hubiera sido el modelo 82”, decía un ex alcalde de Bogotá. “En esa época todo el mundo se metía con Pablo”, decía un representante a la cámara. Es que –decían muchos– en esa época ese señor, Pablo, Gilberto, Miguel o cualquiera, no tenía problemas con la justicia. Ese fue el argumento central de muchos de los implicados en el llamado proceso 8000.
Pero estas explicaciones individuales y específicas dejaron de ser válidas judicialmente con dicho proceso.

Entonces vino, ya no una explicación o justificación de cada caso dentro de procesos judiciales, sino un manto de cobertura general para la opinión publica. Ya no se trataba de justificar una conducta individual sino mas bien de decir que esa conducta la habían cometido todos sin excepción. “Todas las campañas recibieron dinero del narcotráfico”, era la explicación mas ventilada de la campaña samperista en los más duro de la crisis. No era cierto pero la teoría del empate buscaba exactamente eso: empatar y dejar a todos como igualmente culpables o como igualmente ingenuos. El problema era entonces el contexto. Mal de muchos no es culpa de ninguno.

Debemos siempre mirar con cuidado cuando en un supuesto escándalo, el segundo capítulo sea mostrar o decir que todos, en especial los rivales políticos, también habían hecho lo mismo.

Eso ha pasado con muchos casos y ahora está de nuevo en boga con la famosa Gata. “Todos la conocían, todos trataron con ella”, es la explicación. El problema no está en que haya donado plata para una campaña de 2002 sino que salió en una foto con Gaviria hace 16 años. El problema, según el director del conservatismo, no es la inclusión de uno de los hijos de La Gata en la lista de su partido hace quince días, sino que el otro hijo recibió un aval liberal –dado por una dirección distinta a la actual si es que ocurrió– hace tres años y en un contexto en el que los partidos eran como coladeras frente a la multiplicidad de avales. Todos somos iguales, por tanto no hay culpables es una retórica que debemos cuestionar.

No todos son iguales y por ello debemos siempre mirar con cuidado cuando en un supuesto escándalo, el segundo capítulo sea mostrar o decir que todos, en especial los rivales políticos, también habían hecho lo mismo.

La teoría del empate está bien para Santa Fe en sus partidos de local, pero no para una sociedad que requiere cada vez más de líneas éticas bien definidas.


* Ex ministro de Defensa, precandidato presidencial por el partido Liberal.

 

 


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