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El problema del canje

Por Rafael Pardo Rueda,
Especial para UN PASQUÍN

Hace siete años, para más señas en 1998, las Farc propusieron por primera vez el canje de secuestrados –en ese entonces eran más de quinientos miembros de la Fuerza Pública–, a cambio de guerrilleros presos en las cárceles. Yo entonces no tenía ningún cargo público y como ciudadano me pareció inconveniente pues le daría una ventaja militar a las Farc al sacar un número sustancial de cuadros, formados, leales y agradecidos por haberlos liberado, que les permitiría comandar los miles de hombres que estaban reclutando gracias a la zona de distensión en el Caguán. Tenían muchos guerrilleros rasos y les faltaban cuadros para comandarlos, era mi reflexión. Además las Farc estaban en proceso de diálogo con el gobierno Pastrana y me parecía una doble intención mantener conversaciones de paz y al tiempo acordar un mecanismo diseñado para seguir en la guerra pues el intercambio de prisioneros (aunque en este caso en ninguno de los dos grupos haya técnicamente prisioneros, pues los unos son secuestrados y los otros son legalmente detenidos en virtud de leyes preexistentes). En las ocasiones en que se me pidió opinión la di negativa al canje por las razones antes expuestas. Sin embargo conservé la lista que las Farc hicieron llegar a los medios con la relación y los nombres de sus casi 500 hombres que pretendían liberar de las cárceles.

Tres años despúes, en 2001, yo dirigía un noticiero de televisión y se agitó de nuevo la propuesta de canje. Pedí a un periodista que hiciera la investigación de determinar en qué estado se encontraba la lista de los casi 500 guerrilleros que hacía tres años las Farc habían pedido canjear; por qué delitos estaban presos y cuánto les faltaba por cumplir su pena. El resultado fue: aproximadamente doscientos ya habían sido liberados por pena cumplida; unos ciento cincuenta se habían fugado; cerca de medio centenar de los hombres de la lista no habían estado nunca detenidos y de esos 500 guerrilleros originales quedaban algo más de cincuenta aún en la cárcel.

Mi conclusión personal fue que mientras la gente de las Farc salía sola de las cárceles, los civiles y militares secuestrados seguían todos en las selvas lejos de sus familias, sin que nada ni nadie los liberara. Por ello me convencí de que el intercambio es humanitario; no da ventajas militares relevantes a las Farc y más bien les quita al Estado y al Ejército un peso de encima que les permitiría asumir la iniciativa política que hoy no tienen del todo, pues cada vez que las Farc quieren elevar un tema y agitar la opinión nacional remueven el asunto del canje.

Estoy de acuerdo con el intercambio, considero que hay que hacerlo lo más pronto posible; y me parece inhumano que las Farc negocien con vidas humanas, así como me parece mal hecho de parte del Gobierno regatear kilómetros cuadrados, irrelevantes para efectos prácticos, cuando hay vidas involucradas. Si la última propuesta del gobierno sirve para que haya reunión sobre intercambio, muy bueno. Si es rechazada por las Farc no debería haber más regateos y el Gobierno debería de una vez por todas aceptar los kilómetros adicionales y los 23 días de más que piden aquellas. Hacer la reunión es fundamental, en especial para las familias. 23 días adicionales de despeje no van a cambiar la guerra pero si pueden cambiar la tragedia de miles de familias.

 

 
 


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