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La conveniencia de decir ‘No’ Por Pedro Medellín Torres “Disculpe que lo llame tan temprano –dice el interlocutor-, pero queremos reiterar la oferta para que haga parte de nuestras listas al Senado de la República”…“Usted sabe como funciona la política, conoce como vota la gente y sabemos que puede salir”, argumenta convencido. “Sabemos que su antiuribismo es coyuntural. Como todos los de la oposición, cuando los llaman al gobierno se les pasa”.
Es la actitud que ha degradado la política. No sólo ha llenado los cargos de elección popular de lo que Sartori llama “políticos no profesionales”. Es decir, personas con muy escasa preparación y ninguna capacidad para separar sus decisiones públicas de sus intereses particulares. También –y sobre todo– ha vaciado la política de ideales, para llenarla de pragmatismos. La política no es una manera de ejercer la sabiduría práctica, como proclamaba Aristóteles, sino que se asume como un empleo, una forma de supervivencia que se fundamenta en el intercambio de favores, que convierte los partidos en recipientes de pequeñas empresas electorales. La degradación de la política, ha descompuesto la institucionalidad política del país. La primacía de los intereses privados ha desatado una lucha de beneficios particulares tan fuerte, que ha obligado a las instituciones públicas a desplazarse entre la formalidad jurídica que las sostiene y la informalidad del clientelismo que las activa. Cada institución y cada acción estatal se mueven porque hay un interés particular que las impulsa a hacerlo. Porque hay alguien que las convierte en instrumento. La rentabilidad es tan grande, que los empresarios han descubierto el valor de invertir en la política, como una actividad de la que esperan obtener rentabilidad y a la que llegan en defensa de unos intereses concretos. Es la práctica que ha hecho perder los límites entre política y economía: los políticos hacen política para enriquecerse, y los empresarios financian campañas para mantener su poder en el mercado. Por eso siguen empeñados en mantener la cruzada “moralizadora” de la “lucha contra la politiquería y la corrupción”, que desde la presidencia ha emprendido su líder y benefactor. No entienden que la propia supervivencia del sistema político
depende del rescate y fortalecimiento de los partidos, desde donde
los que tienen la responsabilidad política, decidan pensando
en el bien común. Que la mejor contribución que
pueden hacer los empresarios a la política es pagar impuestos.
Y que lo que deben buscar en los que no son profesionales de la
política, es que se dediquen a ser mejores en sus tareas,
antes de dejarlos caer en la tentación de que se crean
que pueden llegar al Congreso a “resolver los problemas
del país”. |
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