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Para vivir de otra manera

¿A qué quieren destinar los ciudadanos la bolsa de sus impuestos: al progreso o a la destrucción?

Por Iván Marulanda*
Especial para UN PASQUÍN

Hasta ahora escribía con libertad lo que pensaba a la manera del ciudadano de la calle que va soltando sus ideas y sus opiniones al desgaire, sin importarle un comino lo que piensan o digan los demás. En ese estilo de escritura se encuentra entre el público quién piense parecido a uno y quien no. No importa. Con tal de ir desfogando la cabeza y el corazón de sentimientos que dan vueltas, igual da que se indigne o entusiasme el lector.

Pero resulta que ahora se me ha encargado representar al liberalismo como candidato a la vicepresidencia de la república en la contienda que está en curso, y ya no puedo decir lo que se me venga en gana. Represento las ilusiones y las inconformidades, sobre todo los sueños, de multitudes que esperan triunfar y cambiar sus vidas en parte con mi nombre, con mi pasado, mi presente, con mi futuro, por tanto con lo que pienso y con la manera como lo transmito. Mis conductas ya no son libérrimas, no pueden serlo. De eso soy conciente.
Claro está que no he extraviado mis caminos ni mis convicciones, estaría perdido. Soy el mismo, pienso igual y así moriré. Por ser como soy, me escogieron para encargo tan delicado en estos momentos que son duros, críticos para la sociedad colombiana.

El país esta polarizado y erizado. A la mayoría de la población la angustian problemas del día a día, difíciles de soportar. El hambre, el desplazamiento, el desempleo, la mala salud, la ignorancia, el miedo, la persecución, la impotencia. Los sufrimientos y hasta la desesperación de millones de colombianos son enormes y de ellos se desprende la rabia, sin remedio.
Comprendo que represento a personas que quieren verme en la pasarela bien puesto siempre, dando brega, pero con cierta diplomacia, con tacto. Se trata de ganar y es lo que vamos a intentar con juicio. La felicidad de mucha gente inconforme está de por medio, tal como entienden esas multitudes la felicidad. Y también está de por medio la infelicidad, que si bien se soporta, a nadie llama la atención y todos quieren sacudirla.

Para no dar vueltas, me escogió Horacio Serpa quien ganó en consulta popular la nominación a la presidencia por el liberalismo. Somos llave. Me llamó, porque confía en mí y sabe que seré su segundo con lealtad y fidelidad. Acepté, porque confío en él. Tenemos iguales compromisos con Colombia.

No va cada cual por su lado, vamos por el mismo. Y nos respetamos. Compartimos el afán de hacer que las cosas en este país cambien en favor de los pobres. Pensándolo bien, en favor de todos, que sufrimos sin escapatoria la tragedia de la guerra, fruto de la exclusión, de la injusticia, de la arbitrariedad, de la falta de democracia. No importa que algunos tengan la manera de esconderse de esta batahola, de disimular, de mirar hacia otro lado. Lo cierto es que las violencias se multiplican y duelen a todos. Y en esas, resulta que muchos no nos resignamos a que este país siga así por siempre. Pienso que por fortuna actuamos de esta forma.

Los liberales nos propusimos decirles a los ciudadanos de la calle, que es posible vivir de otra manera, vivir mejor. Y se los decimos con tranquilidad, con frescura.

Usted señora, usted señor, el joven de allá. Piensen lo que podría ser esta sociedad si se invierten los impuestos en educación pública para el trabajo, en salud, en vivienda para la gente, en ayudar a que se abran fuentes de empleo, en que se construyan ferrocarriles, vías de comunicación, puertos, aeropuertos, en la recuperación de la navegación de los ríos, en la construcción de ciudades amables, en la investigación en ciencia y tecnología. En vez de gastar esos impuestos, que salen de los bolsillos de todos, en compras de balas, fusiles, granadas, cañones, venenos, máquinas de guerra.

El tema es así de sencillo. Sin dar vueltas, la pregunta en cualquier elección del mundo es esa. A qué quieren destinar los ciudadanos la bolsa de sus impuestos, que es bolsa de oportunidades, al progreso o a la destrucción.

Y eso es lo que tendrán qué decidir los colombianos cuando vayan a votar dentro de pocas semanas. Si seguimos dedicados a odiarnos y a matarnos entre nosotros mismos, o si pensamos en la convivencia y el progreso. Si dejamos que se pudran en la selva miles de seres humanos inocentes, o los traemos al seno de sus hogares. Si sembramos amor o abonamos odios. Es eso, nada más, señor, señora, joven. Así que tranquilícense y piensen. Después voten. Y luego, explíquenles a los niños qué fue lo que hicieron.


* Candidato liberal a la Vicepresidencia de la República.

 

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