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| Uno y los otros Por
Iván Marulanda*
Especial para UN PASQUÍN Hay dos tipos de políticos. El que tiene un puesto público en la cabeza y los que tienen un país en la cabeza. El primero, hace lo que sea necesario para conseguir el puesto y luego que lo consigue, hace lo necesario para atornillarse en él. Se alía hasta con el diablo en cada etapa del proceso de ascenso y consolidación. El puesto es su obsesión. Lo llama “el poder”, aunque desde allí, a la hora de la verdad, no pueda hacer mayor cosa o no tenga claro qué es lo que va a hacer, ni cómo, ni cuándo, ni con quién. Eso no le importa. Es el puesto. Después verá qué hace para administrarlo y quedarse con él. El primero, el del puesto, está pendiente de la imagen, del peinado, del vestido que pasa a ser disfraz, del sitio y hora oportunos, del micrófono y la pantalla, de la propaganda, de quedar en la foto, y de levantar fortunas para pagar su obsesión. Los segundos se visten de diferentes maneras y de ninguna manera,
son muchos y no son nadie en especial. Se consagran a la red,
al conjunto, a las ideas, al conocimiento y a la exploración
de caminos para solucionar los problemas públicos en
el hilo de esas ideas y a lo largo de los tiempos.
El primero vive pendiente de pescar cada mañana la frase oportuna que lo puede hacer célebre durante el día. Todos los días dice cosas distintas, no importa si a la larga sus asertos resultan desconectados o intrascendentes. Los segundos manejan contextos desde los cuales interpretan el instante, conceptos sustanciales en los que se inspiran para imaginarse el futuro, ideas coherentes que desarrollan día a día, de cara a la sociedad y a través de sus redes organizativas en escritos, publicaciones, foros, mesas redondas, seminarios, deliberaciones, discusiones, conversaciones, manifestaciones, según van evolucionando los acontecimientos y se construyen consensos de partido acerca de cómo abordar las luchas y responder a los retos que vienen. El que está detrás del puesto es solitario, cambia de amigos según la conveniencia. Para él no existen contextos sino hechos, por lo general aislados. Los que están detrás de un sueño colectivo, son gregarios, no conciben su realización sin sus amigos, o mejor sin sus compañeros, con quienes cultivan esos sueños milímetro a milímetro. Para ellos los acontecimientos y el acontecer son piezas de la historia. En el proyecto político personalista, lo importante
es el personaje que está detrás del puesto. En
el proyecto de nación lo importante es el país. El primero es cacique, es reyezuelo, es dictador, es histérico, es egocéntrico, es vanidoso, es megalómano, es persona natural, de carne y hueso, que se cansa, que se enferma, que canta, que baila, que grita, que llora, que se enmudece, que se deprime, que se enfurece, que se desquicia, que se eleva, que se duerme, que se hastía, que se hambrea, que se marea, que se muere. Al segundo no le ocurre nada de eso. Es persona jurídica, es entelequia, es organización, es flujo, son muchos y no es ninguno, son convicciones, son planes, son programas, son historia, son procesos, mutaciones, son ideas, son hechos y dinámicas sin nombre propio. En la Colombia de estos tiempos el primero se llama Alvaro Uribe. En la de todos los tiempos el segundo se llama y se llamará liberalismo. *Economista; fue senador de la República y Constituyente. |
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