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E D I T O R I A L
Reelección
o catástrofe
La
historia demuestra que la suerte de los presidentes de la
República no está ligada a la suerte del país.
Falsa es la premisa según la cual si al presidente
le va bien, al país le va bien. A Colombia no le ha
podido ir peor, pero a los presidentes siempre les ha ido
divinamente.
Si no, que lo digan Samper y Pastrana, quienes
después de sus brillantes mandatos se fueron a disfrutar
de un exilio voluntario en España, donde reencaucharon
su imagen y asfaltaron su retorno a la política; ambos,
además, con la generosa ayuda del Mesías.
Y lo mismo va a pasar con éste.Una
vez Uribe culmine su gestión dentro de tres meses,
o de cuatro o de ocho años –si no lo tumba antes
algún escándalo–, dejará el país
a merced de las armas, la corrupción y el poder paramilitar
y se irá a contemplar la debacle desde alguna embajada.
Despabilémonos: la voz del presidente
no es el himno nacional; su poncho no es el tricolor patrio
ni su sombrero el gorro frigio del escudo. Una cosa es él
como gobernante y otra muy distinta el país; el destino
de Colombia no depende del triunfo de Uribe, así los
Sarmientos y los Echeverris se empecinen en decir lo contrario.
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