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E D I T O R I A L
Ira
non sancta
Es
increíble la pasividad, cuando no la inidiferencia,
con la que el país está viendo pasar una serie
de hechos que sacudirían los cimientos de cualquier
otra democracia .
Como si no bastara con los múltiples escándalos
que han salpicado al propio Presidente de la República
con sus nombramientos; al Congreso y su inoperancia; a la
Fiscalía General de la Nación y a las Fuerzas
Armadas –sobre todo al Ejército Nacional–,
ahora el turno le tocó a la Iglesia, que está
viendo cómo algunos de sus más connotados
representantes están siendo acusados de pederastia.
Como era de esperarse, los más altos jerarcas –con
la excepación de Monseñor Castro– han
tratado o de minimizar el asunto, o de negar directamente
cualquier responsabilidad de los sacerdotes acusados. A
tal extremo han llegado las cosas que el propio cardenal
Pedro Rubiano, en un ataque de irascibilidad y mala educación
llegó incluso a insultar a un periodista de Radio
Caracol que no creía en los débiles argumentos
del prelado.
Flaco favor el que le hace el Cardenal a una iglesia que
cada día pierde más adeptos y que difícilmente
podrá resolver sus problemas si no sabe admitirlos.
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