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Órdenes cumplidas, Mr. Bush;
ahora, ¿qué más se le antoja?

Álvaro Uribe tenía que cumplir con las órdenes de Washington para erradicar “a como de lugar” esas matas de coca y ordenó la fumigación aérea.

Por Carlos J. Villar Borda*
Especial para UN PASQUÍN

La tercera semana de agosto se inició con un episodio que fue omitido o minimizado por nuestros medios de desinformación, pero que tuvo enormes repercusiones en nuestra desmoronada institucionalidad colombiana. El lunes 14 en la mañana, doña Karen Tandy se presentó en el patio de la Dirección General de nuestra Policía Nacional para protestar por “el canalla asesinato” de los diez policías ejecutados por el fuego amigo del ejército en las afueras de Jamundí. Doña Karen es la Directora mundial de la DEA y vino desde sus oficinas en las afueras de Washington para rendirles un homenaje a los diez “heroicos” policías que fallecieron sin poder defenderse en el trágico incidente.

Al día siguiente nuestro bipresidente hizo expedir por su oficina de prensa un comunicado en el cual se le informaba al país del descabezamiento de seis generales del ejército, entre ellos el comandante de la brigada bajo cuyas órdenes estaban los uniformados del caso de Jamundí. También cayeron los comandantes de las brigadas en cuya región se perpetró el asesinato de cinco campesinos en Tocaruncho el mes de abril de 2004 y la matanza de Cajamarca.

Una de las singularidades del caso de Jamundí es el enredo de competencias porque al juez civil a quien le toco inicialmente hacer la investigación se le ocurrió declararse impedido por considerar que la causa era de competencia de la justicia penal militar. Después de muchas vueltas, parece que el caso va a regresar a manos del mismo juez que se consideraba impedido, a pesar de que los antecedentes que se conocen son más que suficientes para que un niño de escuela lo considere incompetente.

Se ha olvidado que el Fiscal General de la Nación, hablando ante las cámaras de la televisión, declaró enfáticamente que los militares que ejecutaron salvajemente a los policías “le estaban haciendo un mandado a los narcotraficantes”. Pero como ahora los narcotraficantes se metieron dentro de los paramiliatares no se ve muy claro cómo van a resolver el caso de los diez policías. Lo más probable es que sus familiares se van a quedar sin retribución (o reparación) alguna y los asesinos van a salir de brazo con sus socios a quienes nuestro bipresdiente ya les prometió no una cárcel, sino “un lugar de reclusión, digno, cómodo y austero”, simplemente porque la cadena Hilton no tiene hoteles por esa región. Acaso se olvidaron del guerrillero que se entregó a inicios del proceso y que el bipresidente alojó en el Tequendama de Bogotá y le dio un fuerte abrazo (corazón grande) como lo mostraron las imágenes transmitidas por la televisión.

Doña Karen y el general Naranjo han sido los únicos que le dieron a los diez policías asesinados el calificativo de héroes en la lucha contra las drogas, pero cualquiera entiende que eso no es suficiente, ni para los muertos, ni para sus familias, ni para el país.

Lo del desarme y la entrega de los paramilitares es una historia de Ripley que ya va para largo. Los medios sumisos al régimen elogian al bipresidente porque “al fin” se amarró los calzones y les ordenó a sus jefes entregarse porque de lo contrario perderían el derecho prometido por el Comisionado de la ternura de no ser extraditados. Esto sigue siendo parte de la comedia con que nos tienen entretenidos para hacernos creer que sí tenemos autoridad, cuando todo el mundo sabe que esa autoridad, usualmente rayana en el autoritarismo, se ejerce a voluntad de la Estrella Polar (respice polum) de la cual hablaba don Marco Fidel Suárez cuando era ministro de Relaciones Exteriores de la Regeneración, a fines del siglo XIX.

Un ejemplo clarísimo de quién está mandando aquí es la carta que el embajador de los Estados Unidos, Mr. William Wood, dirigió a El Tiempo a propósito de la fumigación del parque natural de La Macarena, afirmando que “debemos estar preparados para tomar decisiones” a pesar del daño ecológico que puedan causar. De manera que lo que se interpretó como una “rabieta” del bipresidente cuando estalló la bomba que dio la muerte a seis campesinos empeñados en la erradicación manual de las matas de coca, no fue producto de un fenómeno de adrenalina alborotada. Tenía que cumplir con las órdenes de Washington para erradicar “a como de lugar” esas matas de coca, de manera que al suspenderse la operación manual había que ordenar la fumigación aérea “porque debemos estar preparados para tomar decisiones” a pesar del daño que se pueda causar. En toda la prensa, el único comentarista que protestó contra la “arrogancia” con que el señor Wood se tomó el derecho para hablar de Colombia fue Antonio Caballero en su habitual columna de Semana.

Así que seguimos a las órdenes de Mr. Bush y por eso cada semana le preguntamos: ¿Ahora qué más se le antoja?


*Periodista

 

 

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