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Más de lo mismo

Continuamos con la manía de enviar lo serio a la farándula y lo que
debía ser farandulero colocarlo dentro del capítulo de la seriedad.

Por Carlos J. Villar Borda*
Especial para UN PASQUÍN

Quienes esperaban sorpresas en el discurso de posesión de nuestro flamante Bipresidente se quedaron con los crespos hechos. Desde luego que los áulicos de siempre escribieron maravillas en los medios de desinformación, pero ninguno de esos análisis resiste el mínimo intento de crítica. Y mucho menos convencen. Ya estaba cantado desde el discurso de inauguración de las nuevas sesiones del Congreso el 20 de julio.

implemente se repitió en otras palabras el 7 de agosto. Lo único rescatable sería quizás la lección de geografía lírica en que salió a flote la escondida vena poética que la mayoría de los colombianos (y en especial los antioqueños) llevan en su espiritú.

Fueron 56 minutos, de los cuales 9 se fueron el el saludo a los asistentes (solo quedaron por fuera los conserjes), 11 en la clase de geografía, y los 36 restantes en los temas ya conocidos: paz, economía y seguridad democrática. Lo que no observaron los analistas es que no hubo promesas sino solicitud de sacrificios y cada idea de paz y tranquilidad iba acompañada de su condición o pero. Si vamos a negociar la paz, pero...

Y lo más lacerante fue que en ninguno de los dos discursos hubiese una sola mención a los secuestrados, algunos de los cuales ya llevan ocho años en la selva.

Mientras tanto, ya por fuera de discurso, un lento avance del TLC con Estados Unidos que se debe, según uno de los ministros, a cierta discrepancia de tildes y comas entre los dos idiomas. El anuncio de un proyecto de ley que equivale a una amnistía para los paramilitares. Un legislador que ya propuso extender a seis años el período presidencial (y no demora otro proyecto para permitir reelecciones infinitas). Simultáneamente la descomposición de la justicia, que arranca con aquello de la justicia militar (que es un desorden antiguo, pero que nadie se atreve a corregir, porque no le conviene a nadie). En resumen, lo que nos espera, como ya se había anunciado es más de lo mismo.

El primer nombramiento en este segundo período fue el de la cancillera, muy bonita y muy queridísima, pero absolutamente incompetente para un cargo que exige conocimientos que ella no tiene, no por incapacidad mental sino sencillamente porque nunca se había imaginado que iba a manejar las relaciones exteriores del país y, por lo tanto, no estudió para habilitarse en lo mínimo que requiere un funcionario en esa posición. Lo cual quiere decir que nuestra pólitica exterior seguirá la misma pirámide jerárquica de antes:

Canciller efectivo, Mr. W.; transmisora de las órdenes, nuestra embajadora en Washington (ciudadana estadounidense); y ejecutora, la nueva cancillera. Por desgracia, esto quiere decir que seguiremos aislados de la tendencia moderna a buscar apertura hacia Asia y toda la zona del Pacífico y nos distanciaremos más de nuestros vecinos de este hemisferio, que deberían ser los favoritos de nuestra atención. Basta ver la composición de las delegaciones enviadas para la transmisión del mando y no fijarnos en el número de países que vinieron, sino en la figura de sus integrantes: una primera dama, un vicepresidente que ha sido el más duro crítico de nuestro Bipresidente, un ministro de una de las islas del Caribe (para darle color al grupo), dos ministros inferiores de Mr. W. y tan solo la Presidenta de Chile como excepción notable que confirma la regla.

Paralelo con la ‘transición’ del Bipresidente a sí mismo, continuamos con la manía de trastocar los temas y enviar lo serio a la farándula y lo que debía ser farandulero intentar colocarlo dentro del capítulo de la seriedad. Sin mencionar los temas que ni se comentan como los favores a la familia del ex ministro de Minas para que pueda importar elementos tóxicos que deterioran nuestro medio ambiente o el favorecimiento en la industria del etanol.

Las denuncias de Virginia Vallejo, incompletas en el video transmitido por televisión, fueron a dar instantáneamente a las páginas de farándula y sirvieron para una exhibición de mal gusto y vulgaridad cuando un medio que se consideraba serio tituló: “Monólogos de la Vagina”. ¿Y lo del asesinato de Luis Carlos Galán? Extemporáneo. ¿Y lo del Palacio de Justicia? Prescripción. ¿Y lo de ‘Medellín sin tugurios’ que hermanó a Pablo Escobar con Alfonso Cardenal López? Sacrilegio porque no se debe tocar a la Iglesia.

Por todo lo cual esta pobre nación sigue la triste ruta de la descomposición, la corrupción, el clientelismo, y la desarticulación del Estado.

En cuanto a lo farandulero tratado como asunto serio, el ejemplo clásico sería el del nuevo Mindefensa, quien de entrada informó que al ver cada soldadito le venía un orgasmo. El 7 de agosto hubo una extraña ceremonia militar cuyo

ropósito aparente era el de llenar con tropas toda el área de la Plaza de Bolívar. El Mindefensa se colocó a la derecha del Bipresidente y se mantuvo rígido mientras los soldaditos tocaban aires militares, pero en su rostro y en sus manos apretadas eran evidentes los orgasmos. Tuvo por lo menos tres en 15 minutos que duró la ceremonia. Nos preguntamos si ya les subieron el sueldo a los soldaditos y cuántos de ellos desfilan diariamente por las oficinas del Ministro. Record Guinness en materia de orgasmos.

De otra parte, trataron como un intrascedente episodio el hecho de que la Presidenta del Congreso le hubiera puesto al revés la banda presidencial al Bipresidente y después de la ceremonia trató de tomar el asunto con amenidad (capítulo farándula) diciendo que las mujeres se ponen los panties al revés, porque así tienen más suerte. ¡Suerte la de Colombia! Inadvertidamente se negó a ver el impulso subconsciente que guió sus manos para colocarle la banda al revés como símbolo claro de que el Bipresidente camina hacia atrás y lleva al país a rastras también en esa dirección.


*Periodista.

 

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