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| A mí también me dio miedo Fueron más las ganas de escuchar palabras con fuerza
y Por
Juan Pablo Poveda* Tras el cómico chascarrillo protagonizado por la dama
de las transparencias, todos –tanto los que estaban en el
recinto como los que veíamos a través de la televisora–
creímos que la parte seria de la tarde había llegado.
Atrás había quedado ese bochornoso momento que para
un televidente desprevenido podría haberse confundido con
un reinado de hora, el Señor Presidente repitiendo investidura y reciclando banda, debidamente puesta al derecho, podría por fin ofrecer al país un vistazo de su perspectiva de Colombia para los siguientes cuatro u ocho o doce años. Sin embargo, más fueron las ganas de televidentes, congresistas, invitados especiales y hasta lagartos de escuchar palabras con fuerza y carácter, que la realidad que se vivió en el Salón Elíptico. Lastimosamente, ni los camarógrafos de la televisora ni el sublime poder de Richie G. nos dejaron ver con el debido detenimiento las caras de los mandatarios presentes, pero seguro se debieron divertir mucho, sobre todo cuando se inició un recorrido geográfico que bien podría ser recogido por alguna cartilla de educación primaria para enseñar a los pequeños niños de nuestro país, de una manera poética y uribista cómo es cada uno de los 32 departamentos de Colombia. “Amazonas, tan remoto en el pasado, su río y selva centros del mundo del futuro. Allí cerca, Vaupés, con sus arrendajos, pequeñas aves que cuidan las avispas, ante la mirada atónita de quienes desconocen la convivencia...”, decía el Señor Presidente con esa voz que pone de buen culebrero paisa, muy parecida por cierto a la del humorista que hacía ese papel en Sábados Felices, pero con una ligera diferencia: mientras el del programa de televisión hacía reír, éste daba tristeza, algo de lástima y bastante somnolencia. Señor Presidente: ¿Qué nos aportó con su discurso? Nos recordó que la paz se puede hacer siempre y cuando haya hechos de paz. Lógico. De hecho, surge la inquietud de si hay manera de hacer la paz con hechos de beligerancia; debe ser como hacer un dulce de icaco con sal. Dulce va con azúcar, ¿no? Por otro lado, he de confesar que en un momento de la alocución
un cierto corrientazo atravesó mi cuerpo, superando incluso
el estremecimiento de la lírica geográfica del Señor
Presidente. Fue el momento en que confesó que él
sentía miedo. No sé. Creo que la idea de un presidente
con miedo –y más aún cuando es el hombre de
la mano firme– le podría dar un cierto toque tembleque
en medio de tanta firmeza, que por demás quedó muy
bien demostrada a lo largo del recorrido de la Casa de Nariño
al Capitolio, porque qué manera de apretarle el brazo a
la seño Lina. *Periodista. |
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E D I T O R I A L Por Enrique Parejo González Por Iván Marulanda Gómez No soy amigo de hacer balances Por Juan Manuel López CaballeroPor Carlos J. Villar Borda Por Juan Pablo Poveda Por Natalia Springer Por Vladdo Guerra o negociación; el caso del ELN Por Ricardo Sánchez ÁngelAy, Patrón, ¡ya no nos quieras tanto! Por Sumercé Por Hermes TRES EN UNO Por Antonio Jiménez Castañeda |
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