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URIBE, Lo que faltaba, pero que todos los colombianos sospechábamos: el Presidente Uribe es un lobo feroz. Con la espantosa gira poética que hizo por el país en el discurso de reposesión, si no superó al menos igualó los poemas más cursis de la humanidad cometidos a la madre y a la patria, que son los peores de los peores. No economizó ni una sola frase de cajón ni una sola ridiculez de bolero de mala muerte para ‘exaltar’ eso que él llama ‘la patria’. El país entero se erizó y sigue erizado, por ejemplo, cuando oyó de boca de Uribe, quizá refiriéndose al Quindío: “ese pedacito de cielo que Dios me dio”. Además de lobo, Uribe carece de imaginación. LOBO Días antes de la reposesión ya había dado un adelanto de lo que es capaz recitando sin vergüenza un poema horrendo (espantoso, lobísino, inmundo) de ese portento de la cursilería mundial llamado Robledo Ortiz (¿Jorge?). Julio Flórez, Belisario Betancur o cualquier otro maestro de la lobería palidecen y se ruborizan con los almidonados brotes líricos de Uribe. Ramplonerías, además, subrayadas por el vestido calentano de la esposa o la vestimenta de los hijos, sentados detrás de él, siempre a la vista, y él profiriendo sus loberías y lugares comunes con esa señora de apellido Toro al lado, que llevaba unas cortinas amarradas a la cintura y un escote mucho más apropiado para servir aguardiente y tinto en un café de Quinchía o de Desquebradas que para tomarle posesión a un presidente. A MORIR No me cabe la menor duda, el mismo que les hizo los vestidos a la señora Toro y a la primera dama fue el mismo que le escribió el discurso a Uribe ¿Acaso José Obdulio, el primo de Pablo Escobar? Lo grave de todo este portento de la lobería mundial es que ocurre,por desgracia, en el año del centenario de Alberto Lleras Camargo, uno de los más elegantes escritores de la lengua castellana y el más discreto de los presidente de Colombia. |
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