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| Una crisis insólita La designación de Samper como Embajador sacudió la conciencia de la nación. Uribe debió tener serios motivos para menospreciar el hecho de que Samper hubiera recibido dineros del narcotráfico para su campaña presidencial de 1994. Por
Enrique Parejo González* El presidente Uribe se ha acostumbrado a jugar con los asuntos
más serios del Estado. No le importan las consecuencias
que se deriven del tratamiento frívolo que les da, por
graves que sean, El mandatario cuenta con un formidable equipo de medios de comunicación, hablados y escritos, que se sienten obligados, en el colmo de la adulación, a presentar sus actos como muestra de sus ‘excepcionales dotes de gobernante’. Es lo que ha ocurrido a raíz de la aparente crisis desatada por la renuncia del ex presidente Andrés Pastrana al cargo de embajador de Colombia en los Estados Unidos. Haber nombrado al doctor Pastrana, en la más importante embajada de Colombia, después de haberlo acusado de entregarle la soberanía nacional a la guerrilla, es un enorme despropósito del presidente. Sin embargo, era una hábil maniobra política para unificar en torno suyo el respaldo de los conservadores a su reelección. De otra parte, el hecho de que el doctor Pastrana aceptara el nombramiento, no obstante haber calificado al presidente como ‘comprador de conciencias’, es otro colosal desatino, que afecta su credibilidad y la seriedad de la política exterior colombiana. El anuncio de la designación del ex presidente Samper como Embajador en Francia sacudió la conciencia nacional. El presidente Uribe debió tener serios motivos para menospreciar la circunstancia de que, en 1994, Samper hubiera recibido dineros del narcotráfico, para financiar su campaña presidencial. Sin duda, el presidente estaba convencido de que, como muchos otros actos suyos, de dudosa moralidad, el país también aceptaría éste como una natural demostración de su ‘genialidad’. ¿Por qué se propuso hacer ese nombramiento? ¿Acaso pensó en su propia situación, frente a los cargos que se le han formulado de haber sido amigo de Pablo Escobar, y de haberle expedido, como director de la Aeronáutica Civil, licencias que le permitieron a aquél enviar a Estados Unidos, en sus aviones, cuantiosos cargamentos de cocaína? El ex presidente Pastrana, que no vio inconveniente alguno en vender su propia conciencia al aceptar el referido cargo diplomático, alegó razones de dignidad para oponerse a la designación de Samper como embajador en Francia. Al no tener éxito en su pretensión, presentó renuncia al cargo de embajador en Washington. Varios medios, muy cercanos al presidente, se han puesto a analizar, con un extraño código moral, quién ganó y quién perdió en ese episodio. ¡Por supuesto que perdió el país! ¡Curiosa manera de juzgar al mandatario que decidió hacer los dos nombramientos y curiosa manera de evaluar los efectos que esta seudo crisis tuvo sobre la reputación del país ante la comunidad internacional! La conclusión de que al presidente le convenía salir de los dos personajes es absurda. Si así fuera, entonces ¿por qué decidió nombrarlos? Tan deplorable e insólito análisis revela el abyecto sometimiento de los medios a los dictados de un gobernante autoritario, que maneja la diplomacia y otros asuntos de Estado, como si fueran pequeños negocios personales suyos, así estén de por medio los intereses más respetables del país. La ausencia de una actitud crítica por parte de los medios y la influencia que ellos ejercen sobre la opinión nacional, hacen temer que el país deba prepararse para soportar, en el inmediato futuro, muchos actos, aún más irresponsables que éste. A pesar de que nos hallamos a muchos siglos de distancia de los tiempos en que los emperadores romanos cometían las más repudiables acciones y eran aplaudidos por quienes temían perder sus favores, hoy, la opinión nacional, en Colombia, desorientada por los medios, cree estar cumpliendo con su obligación, al sumarse al coro de los aduladores que circundan al gobernante. *Ex ministro de Justicia. |
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