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Lástima; faltó la foto

Mediante una muy hábil estrategia publicitaria el colombiano honesto ha sido convencido de que el presidente no tiene nada que ver con la clase política.

Por Diego Laserna*
Especial para UN PASQUÍN

Aunque al presidente se le permite ser amigo de Rito Alejo del Río, de Fabio Valencia Cossio y de George Bush, el nombramiento de Ernesto Samper en la embajada en Francia le puso los pelos de punta hasta a los más uribistas de todos. A ellos también parecería que de la noche a la mañana se les despertó la moral y se les hizo un imposible ético contar en el gobierno con el antiguo mentor del presidente.

Sin embargo ese falaz desdeño a la corrupción desaparecerá pronto y volveremos al día a día de la política nacional. Un tanto más esperanzador es el efecto que pueda tener esa explosión de desprecio en el colombiano común y corriente, el colombiano honesto y trabajador que ha sido convencido mediante una muy hábil estrategia publicitaria de que el presidente no tiene nada que ver con la clase política colombiana.

Y es que Uribe es popular porque hay un amplio sentimiento de que él es diferente de Samper y de Pastrana y que por eso el país va a mejorar, que es frentero y transparente, un hombre de bien metido a la política. Así, a pesar de sucesos como el de Yidis y Teodolindo, a pesar de tener el mundo regado de familiares de congresistas que apoyaron la reelección y a pesar de haber tenido a un personaje como a Londoño Hoyos como su mano derecha, el presidente ha mantenido una imagen casi impecable frente a muchos colombianos. Pero como dicen los locutores de fútbol, “tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe” y la imagen de Samper, Pastrana y Uribe conformando un solo gobierno generó una indignación tal que se estremeció un gobierno elegido con el 62% de los votos. Uribe rogándole a Pastrana, Pachito dejándole mensajitos en la mitad de la noche a la embajadora Holguín, puyitas quinceañeras entre los expresidentes, etc. Sin darse cuenta, la clase política colombiana puede tener en su seno la nueva generación de galanes de Televisa.

Desafortunadamente para el desarrollo histórico del país no se logró sacar una foto de los tres presidentes en un armonioso y estrecho abrazo. Habría sido una imagen supremamente valiosa que proporcionaría un símbolo tangible de lo que hay que cambiar en Colombia. Otra vez será.

Pero mientras inconscientemente el presidente Uribe echa su mercadeo político por la borda y se va metiendo lentamente al mismo desprestigiado costal que habitan sus antecesores y tantos otros políticos Colombianos, un grupo político ha brillado por su ausencia de la redistribución postelectoral. Callados pero atentos los señores del Polo han seguido muy disciplinadamente las palabras de Carlos Gaviria el 28 de Mayo cuando dijo: “Nadie del Polo se va a dejar cooptar, nadie va a cambiar el honroso puesto que le corresponde en la oposición por una embajada, por un ministerio, por un consulado”.

Que ninguno del Polo se haya volteado no es noticia pero mientras más difícil sea distinguir entre uribista, liberal, conservador o politiquero en general más se estará marcando la diferencia entre ese pasado nefasto que representa la política tradicional y una verdadera alternativa de poder. Pero lo realmente importante es que Uribe ha logrado aglutinar al establecimiento de una manera tan clara que si él fracasa es bien probable que con él se hunda su Medusa de embajadores y politiqueros. Tal oportunidad exige que los que aspiramos a construir un país diferente nos empecemos a preparar desde ya


*Estudiante de Ciencia política y economía, Universidad de Columbia.

 

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