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E D I T O R I A L
Embajada
imposible
Ya
habíamos dicho en una edición anterior que,
inmunes a la fuerza de gravedad, los ex presidentes siempre
caen de pie. Y así parece entenderlo también
el Mesías, que no se imaginó que su affaire
con Samper fuera a terminar abruptamente cuando apenas estaba
en sus inicios.
En un país hipotecado al olvido,
la reacción que suscitó la posibilidad (¿o
necedad?) de darle a su amigo Ernesto Samper la embajada
en Francia rompió esa indiferencia que nos caracteriza.
Y es que ese nombramiento era tan absurdo que hasta los
furibistas se dieron cuenta y por eso tocó echar
reversa y decirle al Bojote que no, que gracias, que otra
vez será.
Independientemente de ulteriores intenciones,
el papel que Andrés Pastrana jugó en este
episodio fue fundamental, pues por las motivaciones que
sean nos evitó la vergüenza de pagarle salario
diplomático a Samper.
El asunto también sirvió
para ver una vez más cómo la nómina
exterior es usada por el Mesías para pagar favores
y comprar lealtades; pese a que nos había prometido
no volver a nombrar políticos en el servicio diplomático.
¡Y eso que aún no ha comenzado
en firme su segundo mandato!
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