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MUY

El Procurador Maya y el senador Vargas Lleras desconcertaron al país y sentaron un muy mal precedente cuando salieron, con desesperación evidente, a rechazar sin ningún argumento la versión que Virginia Vallejo le ofrece a la justicia colombiana sobre la posible participación de Alberto Santofimio Botero en el magnicidio de Luis Carlos Galán. Acusación por la que el ex senador está preso y espera sentencia con base en acusaciones de otros testigos.

MAL

Dice Maya que Vallejo es cómplice. Muy bien, supongamos que los es. En tal caso, al decir eso, suponemos que el señor Maya debe darse cuenta de que está valorizando todavía más la versión ofrecida pero al mismo tiempo la está echando a perder con sus extraños ataques. Para saber la verdad en el caso de Galán nada mejor, nada más maravilloso, que el hecho de que un cómplice (¡nada menos que un cómplice!) salga a declarar; y nada peor que Maya se ponga en la tarea insólita de impedir el testimonio, haga acusaciones sin fundamento y persiga a un testigo del valor que tiene para el caso Virginia Vallejo.

PRECEDENTE

¿De dónde sale el apuro por absolver a Santofimio? ¿Por qué tanto miedo a Virginia Vallejo? ¿De dónde sale tanta angustia por el hecho de que Estados Unidos proteja ahora a Vallejo con base en los acuerdos binacionales de cooperación judicial entre Colombia y Estados Unidos? Gente como el Procurador Maya viene ahora con un arsenal de puntillas y pequeños policías acostados jurídicos para impedir que el testimonio de Vallejo llegue al juicio. Muy, pero muy mal precedente. Qué tristeza. Incomprensible que el propio Procurador no proteja el testimonio de Vallejo como sí lo hacen ahora los gringos, en bien de la justicia, cuyo único fin es la verdad, aquí y en la Luna. Pero, tranquilos, señor Procurador y señor Vargas Lleras: la verdad jamás prescribe y el ejercicio del periodismo tampoco. Es por ello que el caso de Galán puede llegar a aclararse por fuera de las barandas de los juzgados roñosos, frente al público y a la sociedad mientras ustedes tratan de impedirlo en el pequeño y frecuentemente estrafalario ámbito judicial colombiano.

 

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