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| Democracia no es igual a libertad Como diría Tocqueville, este gobierno “no
rompe las reglas, pero las Por
Carlos J. Villar Borda* El título de este artículo no es ninunga novedad.
Fue escrito hace más de 170 años por nadie menos
que Alexis de Tocqueville cuando estuvo en 1835 en los Esados
Unidos para estudiar las novísimas instituciones que lo
llevaron a escribir su clásico La Democracia en América. Lo que Tocqueville estaba pensando cuando estudió la constitución estadounidense era en la posibilidad (que se ha cumplido repetidamente hasta en los Estados Unidos) de que ese reluciente docmuento se convirtiera en el camino para establecer ‘la tiranía de la minoría’. Esa constitución que permitió, por ejemplo, que el tan mentado señor George W. Bush ganara su primera elección con base en un fraude escandaloso y cínico, con la ayuda de su hermano Jeb, gobernador de la Florida. Su contrincante Al Gore obtuvo más de medio millón de votos de ventaja, pero como eso no cuenta (hay que ganar la mayoría de los de los ‘votos electorales’) consiguió que la Corte Suprema, de tendencia totalmente derechista, impidiera el recuento manual de los votos en Florida, que se enredaron en un sistema cibernético que falló. Con ese triunfo, Bush siguió las huellas de su padre George, el autor de la horrenda masacre perpetrada con la innecesaria invasión a Panamá, y proclamó la política bélica contenida en los documentos Santa Fe I y Santa Fe II, y se rodeó de los mismos consejeros belicistas de su padre, los señores Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y demás autores del Proyecto Nuevo Siglo Americano, que consiste sencillamente en el dominio unilateral del mundo, así sea por la fuerza. Y el 11 de septiembre le dió motivo suficiente para declarar la guerra universal al terrorismo, que ha servido para todo. Ese proyecto y esa guerra significan, ni más ni menos, que la militarización de la América Latina. Pero se ha venido a tropezar con un despertar en países clave como Venezuela (petróleo), Brasil, (potencia mundial), Argentina y Uruguay, por lo cual necesita puntas de lanza para recuperar el terreno perdido. Una de esas puntas de lanza, para descrédito de Colombia, es el señor Alvaro Uribe Vélez, el primo de Jesucristo. Como en los cuatro años de su primer período de gobierno no pudo capturar a Manuel Marulanda Vélez, ni acabar con las Farc, está trayendo a los estadounidenses (CIA, Boinas Verdes y aviadores), que entran como simples asesores, pero que ya pasan de los 1.500. ¿Cómo es posible que el país no sepa en dónde están y qué hacen estos asesores? ¿Es que la Constitución no exige que el Congreso apruebe una invasión de este tipo? Pues no en este gobierno, que maneja las cosas a escondidas y mantiene a la población contenta a punta de mentiras y cifras estadísticas amañadas por empleados nombrados exactamente para eso. El cuento de que las Farc sean terroristas es absolutamente indigerible para quien tenga cinco dedos de frente y conozca un poco de nuestra historia reciente. Como se trata de un doble juego Bush–Uribe, en que cada uno debe obtener ganancias, los estadounidenses se están metiendo en nuestras selvas con los veteranos de Laos, Camboya y Vietnam para hacerle el favor a Uribe. Mientras tanto, no sabemos cuántos ‘asesores’ se han infiltrado o están listos para infiltrarse en nuestras vastas fronteras con Venezuela para hacerle el favor a Bush. En cuanto a la libertad, los colombianos hace mucho tiempo que la hemos perdido. Nuestra democarcia de papel, para citar al senador Jorge Enrique Robledo, es tan solo eso: un pedazo de papel que se puede romper a voluntad por donde quieran. Para citar de nuevo a Tocqueville, este gobierno “no rompe las reglas, pero las ablanda, las dobla y las dirige. No destruye cosas sino que impide que nazcan. No tiraniza, pero obstaculiza, compromete, enerva, extingue, aturde y finalmente convierte a la nación en una manada de animales tímidos e industriosos en que el gobierno es el pastor”. Esta útlima referencia está hecha a la medida para nuestros congresistas. *Periodista. |
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