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Mercados sin memoria

A los nuevos ricos toca hacerles pasito —con leyes favorables y
compradas, como la de Justicia y Paz— para que no colaboren con el
pánico colectivo actual.

Por J.R. Obregón*
Especial para UN PASQUÍN

Junio... Lunes negro... Mayor desvalorización bursátil del mundo... Miércoles blanco... Mayor valorización bursátil del mundo... Cosas que solo pasaron y seguirán pasando acá, en Colombia... ¿No es esto raro...?

Desde hace unos años –último cuatrienio–, estamos teniendo un crecimiento económico sin precedentes inmediatos, pero qué tal si transgredimos el consenso y hacemos unas cuantas cuentas.

Reemplazan al muchacho de planeación por sus datos de desempleo, se manipula un censo inútil, y, muy a menudo acallan al muchacho del Minhacienda... Acá pasan cosas non sanctas.

Sabemos que por las bajas tasas de inversión en los países desarollados aumentan los flujos de capital hacia los mercados emergentes –entre estos Colombia–; pero este flujo de fondos no explica suficientemente el arrume de dólares que entran al país, sobre todo a las calles, en efectivo, con los que se han comprado finca raíz estrato 6, carros lujosísimos, y, sobre todo, se ha triplicado el valor de las acciones de las compañías inscritas en la bolsa de valores.

No hay mejor manera de lavado de activos que a través de giros para adquirir acciones y finca raíz, en efectivo, generando la más alta valorización del metro cuadrado y de los índices bursátiles de América Latina.

Desafortunadamente a los pequeños inversionistas, que no superan el 5%, las correcciones del mercado –que es cíclico– los deja en la calle, o con grandes guayabos, pero definitivamente son los menos , ya que estos movimientos no desestabilizan ninguna acción o activo financiero.

Por su parte, los grandes inversionistas institucionales, que son bien pocos, pero que cuentan con la mayor tajada –al menos el 75%–, liquidan sus pérdidas sin mayor problema y listo, porque así son los mercados y ellos los conocen muy bien, de manera que pueden prever todo más fácilmente.

Por último, me atrevo a decir que al menos el porcentaje restante –un 20%– , corresponde a especuladores con dineros legales e ilegales, producto del lavado, y, a la luz de los actuales acontecimientos políticos y económicos, son estos últimos quienes sí tienen fuerza suficiente para mover sustancialmente los indices bursátiles y el precio de las acciones.

Ojo, es un hecho que el nuestro es un país con unos índices económicos actualmente favorables, en buena parte apalancados por los capitales de los nuevos grupos económicos del narcotráfico y paramilitarismo, quienes juntos –o revueltos–, seguramente manipulan capitales iguales o mayores que los otros conglomerados económicos tradicionales, como el Sindicato Antioqueño, o los grupos Sarmiento y Santo Domingo.

Pero a esos nuevos ricos debemos hacerles pasito –con leyes favorables y compradas, como la de Justicia y Paz– para que no colaboren con la tendencia de pánico colectivo actual, liquidando activos financieros y recogiendo su efectivo para volver a guardarlo en sus caletas; se trata de evitar que nuestra bolsa de valores y el sector de la construcción caigan de nuevo en desgracia... Echemos memoria.


*Abogado.

 

E D I T O R I A L

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