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No hay peor sordo que
el que no quiere oír

Aparentemente en Colombia no hay nadie capaz de idear una estrategia nueva contra el narcotráfico y tenemos que seguir adoptando lo que dictan desde Washington por más suicida que parezca.

Por Diego Laserna*
Especial para UN PASQUÍN

Casi todos conocemos a alguien a quien se le puede aplicar a la perfección el dicho  de que “no hay peor sordo que el que no quiere oír” pero parece que en el caso del Presidente colombiano hay una mezcla de terquedad y sumisión que tiene resultados particularmente desastrosos.  Aparentemente, después de haber invertido alrededor de 4.000 millones de dólares en fumigaciones en los últimos 4 años, después haber fumigado mas de 500.000 hectáreas y después de haber dejado cantidades de colombianos muertos en el proceso, la coca aun esta lejos de irse de Colombia.

Según el último reporte de la Oficina para las Drogas y el Crimen de la ONU, a pesar de batir records en incautaciones, fumigaciones y extradiciones, en Colombia durante el último año aumentaron el área sembrada, el precio de la cocaína y el numero de departamentos con cultivos, esta vez incluyendo a Choco, Valle y Cundinamarca. Parecería que es tiempo de reconsiderar la estrategia, pero no, aparentemente en Colombia no hay nadie capaz de idear una estrategia nueva y tenemos que seguir adoptando lo que dictan desde Washington por más suicida que parezca.

Allá, por supuesto no les parecen malas ni la guerra contra las drogas ni las fumigaciones ya que ni los muertos de arriba, ni los de abajo, ni los huecos en la selva son gringos y el Presidente Uribe no los quiere disgustar llevándoles la contraria. En su última visita, tras agradecerle al señor Bush su amistad y sus consejos, se comprometió a continuar la lucha contra los cultivos ilícitos, ojala con más platica gringa para las fumigaciones. Que no sorprenda a nadie si resurge la propuesta de usar el hongo Fusarium oxisporum en reemplazo del glifosato para acelerar la erradicación.

Pero, para hacerle justicia al presidente Uribe, su obsesión con la fumigación no es exclusivamente para proteger a los jóvenes cocainómanos gringos, ni por complacer a Mister Bush, sino porque también las FARC se benefician sustancialmente del negocio de la coca. El Ministro del Interior, Sabas Pretelt, en clara representación del análisis que hace el gobierno, señala que “hace cinco años había 170.000 hectáreas de coca, hoy tenemos la mitad. ¿Qué tal que no se hubiera hecho nada?”. Pero aun ignorando otro informe de la Casa Blanca que pone el total de hectáreas en 2005 en 144.000, la decisión no es entre fumigar o no hacer nada.

 ¿Será que el señor Uribe o el señor Pretelt pueden mirar a alguien a la cara y decir que los 4.000 millones de dólares de ayuda gringa, más los recursos que pone Colombia, invertidos en educación, salud o servicios no harían ninguna diferencia? ¿No se disminuiría la guerra? ¿No se podría disminuir el ingreso de gente a las FARC?. Por favor, la pregunta no es si la coca es mala para el país o no, la pregunta es si gastarse esa cantidad de plata en fumigaciones es sensato tratando de alcanzar el objetivo (que supongo compartimos con los uribistas) de alcanzar la paz en Colombia. Decidir si esa plata estaría mejor invertida en financiar una reforma agraria, ampliar la educación superior, proveer créditos a las pymes o cualquier otra cosa es otro debate, pero lo que es claro, y hay evidencia de sobra, es que las fumigaciones sólo dejan muertos y huecos en la selva.

Tristemente, a pesar de la lluvia de evidencia contra las fumigaciones no se ven señales de cambio en el gobierno y mientras el ministro Sabas propone como solución fumigar el doble, el lema del segundo gobierno de Uribe parece ser “fumigar, fumigar y fumigar”. Afortunadamente, para el gobierno, con ayuda del ‘amigo’ Bush, se ha diseñado un TLC que acaba con la agricultura y que les posibilitará seguir fumigando más y mejor por mucho tiempo. Definitivamente, no hay mejor sordo…


*Estudiante de Ciencia política y economía, Universidad de Columbia.

 

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