Orlando Pérez, periodista especializado en manejo de explosivos

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Orlando Pérez, en un programa del canal CN Plus, de Ecuador.

El prontuario de Orlando Pérez, experto en explosivos y armas de fuego, se complementa con su vida profesional, especializado en Cuba en propaganda, espionaje y desinformación. Decenas de personas consultadas que han trabajado a su lado en diarios y oficinas burocráticas lo describieron como “conflictivo”, “desleal”, “brutal”, “resentido” y “agresivo”. Características que puso  a la luz en el homicidio de su novia y el amante como también en el secuestro del abogado Echeverría Gavilanes.

Tan pronto consiguió salir de la cárcel, se fue a Cuba, donde recibió formación política, militar y se especializó en el área de periodismo de propaganda y desinformación, contó un ex guerrillero colombiano del M-19 que lo conoció en la isla de los hermanos Castro de cuyo régimen, al parecer, sigue siendo agente, de acuerdo con testimonios de varios personas que lo conocen, consultadas para este reportaje.

“Al regresar de Cuba trabajó en la oficina en Quito de Diario El Universo, de Guayaquil”, el más grande del país, “donde desplegó su sorprendente capacidad para ser servil con sus superiores y ganar méritos”, contó un colega suyo que pidió, como todos, el anonimato debido al acceso que tiene Pérez a los arbitrarios sistemas de represión judicial, policial y política del Gobierno.

Pasó luego al periódico liberal Hoy, segundo en importancia en Quito.

“Era muy vago, no trabajaba, siempre estaba descontento y no tenía fuentes”, recordó una colega que asegura haber sido acosada sexualmente por Pérez. “Sólo sabía de las actividades de los grupos terroristas. No era eficiente y era conflictivo, peleándose con los demás”, agregó.

Conforme a otro compañero de trabajo en esos días, “lo sacaron de la sección Política porque no sirvió y recuerdo que lo pasaron a la de Comunidad. Luego lo botó el director del diario (Jaime Mantilla) y se quedó sin empleo por años.

“En Hoy”, indicó otro ex compañero de Orlando Pérez, “de una manera sorprendente se convirtió en espía del director, el gringo Mantilla, y se mantuvo empleado por largo tiempo, solamente llevando y trayendo chismes”. Pero el tráfico de información, “generalmente falsa y dañina” lo hizo enredar en sus propias espuelas, “y lo botaron”, recordó el excompañero.

Recientemente, en su cuenta de Twitter, Pérez escribió a quien esto escribe, a manera de sabio consejo: “Hasta para mentir te falta ser periodista”.

Al cabo de años de estrecheces y anonimato, Orlando Pérez consiguió que lo emplearan como escribiente del presidente de la Asamblea Constituyente que deliberó entre 2007 y 2008. Desde esa función desplegó su habilidad congénita, pulida en Cuba, para desinformar con propaganda y falsos rumores y agregó a sus funciones la de jefe de relaciones públicas de la institución transitoria.

Terminado este empleo, se vinculó a una organización no gubernamental consagrada a la defensa de la libertad de prensa que posteriormente se transformó en otra, conocida hoy como Fundamedios, contra la que Orlando Pérez no ha economizado esfuerzos ni armas para desprestigiarla con falsas informaciones y perseguir con los cada vez más eficientes sistemas gubernamentales de represión judicial, policial y política.

“Él no era mal visto del todo por su penosa vida delincuencial”, contó un viejo ex amigo suyo, “su problema siempre ha sido que es un mal periodista, no es bruto pero sí perverso, debo reconocerlo”.

Ingresó al partido Alianza País, de Rafael Correa, una congregación de fuerzas de izquierda, movimientos católicos de extrema derecha, agrupaciones indígenas e inconformes sin causa que, desde 2006, defienden con visos de idolatría al Presidente, guayaquileño de 51 años, católico ortodoxo, Boy Scouts y economista, cuya “revolución ciudadana” del llamado “socialismo del siglo XXI” anunció que necesitará 300 años para consolidarse: 250 más que la cubana, a la que ha descrito como la “democracia perfecta”. Los electores de Correa lo encuentran como el remedio perfecto a una larga era de efímeros gobiernos corruptos e impunes, así como de privilegios de los que ahora gozan solamente, como en Venezuela o Cuba, los miembros más destacados del régimen y sus amigos.

Su afiliación a Alianza País y la exhibición en la Asamblea Constituyente de las que un amigo suyo llama “malas artes”, le sirvieron a Orlando Pérez para conseguir empleo en El telégrafo, el periódico más antiguo del país, incautado al banquero Fernando Aspiazu en el proceso de salvataje estatal del desaparecido Banco del Progreso, que quebró. El diario debería, por ley,  ser vendido al mejor postor para ayudar a resarcir con los fondos recaudados al público defraudado pero Correa lo dejó para incorporarlo a un grupo de 20 medios de comunicación que constituyen parte del formidable aparato de propaganda y desinformación gubernamental. Gran parte de esos medios también han sido incautados y su venta postergada indefinidamente.

Ya instalado en El Telégrafo, desplegó otra vez su afilada capacidad para hacer méritos mediante el servilismo y encontró la manera de moverle el piso a Rubén Montoya, veterano periodista que se empeñaba en mantener algún grado de decoro profesional oponiéndose a usar el diario como arma para cobrar venganzas ordenadas por el gobierno. “Matizaba las órdenes de hacer guerra sucia y desinformar”, contó un subalterno actual de Pérez.

Montoya fue despedido y Orlando Pérez se movió, con éxito, en busca de la dirección del diario, que carece de circulación y credibilidad, pero posee un holgado presupuesto oficial, le ofrece la posibilidad de estar a los pies del poder y es leído por obligación en una parte de la enorme burocracia estatal y en ciertos sectores políticos.

“Pérez es muy obediente, obedece lo que sea. Cuando recibe instrucciones de calumniar y perseguir pinta las cosas incluso más graves de lo que le piden”, comentó una periodista de El Telégrafo.

“La gente ha sido buena con él. Le dieron la mano, pero se ha ido en contra de quienes lo ayudaron a lo largo de su vida”, lamentó.

En alguna oportunidad Orlando Pérez publicó una nota de opinión en Hoy para elogiar la recordada vida y obra de Carlos Pérez Perasso, extinto director y propietario de Diario El Universo, al que convirtió en el más grande, prestigioso y moderno del país, con la asesoría del mítico y reconocido periodista colombiano Carlos Villar-Borda, fallecido cofundador y columnista de Un Pasquín.

Alabó desde la sonrisa de Pérez Perasso (“delicada y casi imperceptible al oído … se hacía sentir por su palabra oportuna y certera”) hasta su carácter (“director y abierto”), pasando por los consejos invaluables que recibió de él (“hacer periodismo y más periodismo porque solo así se fortalecería la democracia”) y la entereza moral que le admiró (“valiente para enfrentar a diario a sus rivales políticos más difíciles… ajeno a las tentaciones cuando los políticos y empresarios se acercaban para contar con su apoyo sabiendo de antemano que a cambio se pedía complicidad periodística”) y, entre otras cosas, su entrega proverbial al oficio (“dedicación total a un trabajo que exige y desgasta los 365 días del año sin contar para ello con primas, bonificaciones ni medallas”).

No obstante, al  incorporarse a los sistemas de propaganda y desinformación oficial, ensució desde las páginas de El Telégrafo el nombre del extinto Carlos Pérez Perasso acusándolo sin pruebas ni argumentos de haber participado en falsos malos manejos de la construcción del terminal terrestre de Guayaquil. Ahora la abyección y las genuflexiones eran para su nuevo patrón: el Presidente Rafael Correa, ante quien se postró para prestarle sin ambages sus servicios profesionales. Como lo dijo un blog estadounidense en español, Orlando Pérez se convirtió, sin vergüenzas ni rubores, en lo que el mandatario llama con insidia y acierto “sicario de tinta”.

“Cuando pone en El Telégrafo temas sensibles y de enorme interés para el Presidente Correa”, contó esta semana un subalterno suyo, “como la guerra que sostiene contra la multinacional Chevron o el odio visceral e irracional que profesa contra El Universo, Orlando Pérez le manda las primeras páginas al Palacio de Carondelet para hacer méritos y recibir el visto bueno y, ¿por qué no?, un elogio”. Entonces queda, nervioso, a  la espera de una respuesta que nunca incluye una felicitación “ni mucho menos”, agregó el informante. “El no es cercano a Correa” pero no desiste intentándolo, hasta ahora sin éxito. En ese propósito, “llega a la humillante vergüenza profesional de mandarle los artes finales de la primera página del periódico al Presidente de la República”. Alguna vez, “porque me consta”, agregó el subalterno de Orlando Pérez, el mandatario le contestó, “palabra más, palabra menos: ‘espero que esté bien esta página, no como las porquerías que me suele mandar’”.