¿Quién le teme a Tasmania?

Por Leopoldo Villar Borda

El truco es tan viejo como el mundo: enlodar al acusador para que el acusado quede impune. Los ejemplos son interminables, pero entre los que más nos deben interesar está el que se podría llamar “el padre de todos los complots” en la historia reciente de Colombia. El que se urdió tras las más altas bambalinas del poder contra la Corte Suprema de Justicia en los tiempos, que increíblemente todavía algunos añoran, de la tristemente célebre ‘seguridad democrática’.

Como en una pieza de teatro, los personajes están bien identificados desde el primer acto:

—el paramilitar desmovilizado José Orlando Moncada, conocido como ‘Tasmania’, que en los días de la trama está preso en la cárcel de ItagüÍ;

—el abogado Sergio González Mejía, que según ‘Tasmania’ ha sido contratado por su antiguo jefe, Juan Carlos (‘El Tuso’) Sierra (también preso, entonces, en ItagüÍ, y después extraditado a Estados Unidos) para que lo represente;

—Santiago Uribe Vélez, hermano del entonces Presidente de la República, quien a lo largo de la obra mantiene correspondencia con ‘Tasmania’;

—Mario Uribe, primo hermano del Presidente, que desempeña su papel en uno de los primeros actos;

—Bernardo Moreno, entonces Secretario General de la Presidencia, que actúa como transmisor de la denuncia que armará el escándalo;

—María del Pilar Hurtado, a la sazón directora del DAS, quien encomienda a su subalterna Martha Leal la misión de ir a Medellín para obtener la ‘prueba reina’ que, supuestamente, hará saltar en mil pedazos las investigaciones de la ‘parapolítica’;

—el magistrado auxiliar de la Corte Suprema Iván Velásquez, coordinador de las investigaciones de la parapolítica, blanco de la conspiración.

—en el fondo del escenario, con una aparición fantasmal como la del Comendador de Sevilla en Don Giovanni, la ópera de Mozart, el presidente Álvaro Uribe Vélez;

El plan que se pone en marcha contra el magistrado Velásquez es muy simple: ‘Tasmania’ firma una carta que le ha llevado a la cárcel el abogado González, en la cual acusa a Velásquez de haberle pedido que señalara al presidente Álvaro Uribe como autor intelectual de un atentado contra otro paramilitar identificado como ‘René’. Una copia de la carta, convertida en la ‘prueba reina’ contra Velásquez que la funcionaria del DAS va a buscar a Medellín, llega con rapidez inusitada a la Casa de Nariño, sin que quede claro por cuantas manos pasa, pues las versiones de los interrogados por la Fiscalía son diversas: el abogado González dice que la envió a Santiago Uribe Vélez, Martha Leal afirma haberla recibido de manos del conductor de Mario Uribe, y según la misma Leal, por esos días el abogado González ha visitado varias veces la Casa de Nariño. El hecho, que quienes tengan memoria recordarán, es que la Presidencia de la República hace un gran show mediático para ‘destapar’ lo que, según el propio presidente Uribe, sería un gran complot de la Corte Suprema contra su persona y su gobierno.

Lo que los autores de la trama no esperan es que ‘Tasmania’ y el abogado González confiesen que todo es mentira. Por lo cual González acaba de ser condenado por la jueza quinta penal de Bogotá, Martha Saldarriaga, a correr una suerte parecida a la de su cliente: pagar cárcel (en su caso, cinco años y diez meses), por el delito de calumnia.

¿Podrá ser este el final de la obra? ¿No es fácil identificar, en toda esta historia, otros responsables y otros delitos, además de la calumnia? ¿Dónde queda la figura penal del concierto para delinquir en un entramado de acciones que involucró al centro mismo del poder nacional, en las personas de altos funcionarios y parientes del mismísimo Jefe de Estado? ¿No se configura aquí un atentado contra la Constitución misma, que ordena a los diferentes órganos del Estado colaborar armónicamente para la realización de sus fines, en lugar de conspirar uno contra otro?

Doctores tiene que haber en este país del Sagrado Corazón de Jesús para responder estos interrogantes. Pero para cualquier lego en la materia es obvio que la responsabilidad por lo ocurrido no está circunscrita exclusivamente a González y ‘Tasmania’, personajes secundarios en la pieza. Más de uno, entre los principales, debe estar preocupado por la posibilidad, que aún no debe ser descartada, de que aquellos revelen detalles aún no conocidos sobre el gato encerrado que existe en este repugnante caso. ¿O es que alguien duda que lo hay?